Estreno en España en el Festival de Itálica

La danza del Mediterráneo

Hervé Koubi presenta en Sevilla «Ce que le jour doit à la nuit»

El baile grupal destaca en «Ce que le jour doit à la nuit», de Hervé Koubi
El baile grupal destaca en «Ce que le jour doit à la nuit», de Hervé Koubi - ABC
Marta Carrasco Sevilla - Actualizado: Guardado en: Cultura

Hervé Koubi se enteró a los 25 años que sus orígenes eran argelinos, cuando su padre le enseñó una foto de su bisabuelo con ropajes árabes. Nacido en Cannes, Koubi, este doctor en Farmacia y biólogo, cambió las pipetas por el baile, siendo Preljocaj uno de los coreógrafos de su formación.

Koubi ha querido dar vida a sus sueños de Oriente, esos que conoció ya mayor y que le han llevado a crear una pieza coreográfica basada en la novela epónima de Yasmina Khadra, pseudónimo de Mohammed Moulessehoul, y que de alguna forma refleja su vida.

«Ce que le jour doit à la nuit» es un montaje realizado para doce bailarines (en Itálica faltó uno, el intérprete de Burkina Faso), procedentes de la danza urbana. Es su presentación en España, pues nunca había visitado la compañía nuestro país, pese a que esta pieza lleva más de 300 funciones.

La coreografía tiene un virtud extraordinaria: que no intenta que los bailarines de danza urbana hagan danza contemporánea, y sobre todo, controla el «tempo» de la danza. Es decir, consigue un lenguaje propio que inevitablemente tiene estéticas de hip-hop y de contemporáneo.

Los bailarines son verdaderos atletas y acróbatas y utilizan todos los elementos y saltos caraterísticos del hip-hop como flare, winmill, handhop y todo el vocabulario de la danza urbana incluidos los famosos windmills (rotar desde el suelo sobre el tronco). Pero no se confundan, es una coreografía, no son las famosas batallas de hip-hop, aunque en algunos momentos tenga esa estética, pero muy controlada.

Los intérpretes están ataviados con pantalones blancos y sobrefaldas, a medio camino entre las túnicas árabes y las de los derviches turcos. Al saltar a veces parecen alas.

Los bailarines empiezan la pieza de espaldas al público. Ellos están en una orilla del Mediterráneo, nosotros, el público, en la otra. La música es sensacional, con impactantes mezclas electrónicas que nos introducen en fragmentos de la Pasión de Bach para volver luego a la religiosa música sufí, o los cánticos árabes.

La coreografía es potentísima. Los cuerpo se van moviendo haciendo «batallas controladas» con impactantes volteretas, giros, saltos..., para luego recuperar la serenidad en posiciones grupales donde, acompañados de un magnífico diseño de luz, se van creando íntimos momentos alejados de la frenética agitación de las escenas más vibrantes.

Es una pieza coreográfica llena de mudanzas, en las que los intérpretes van realizando cuadros de hermosa factura, como cuando uno de los bailarines, de pie sobre varios de ellos, cae abatido sobre el resto hacia un lado del escenario y bajo un cenital, como si se hubiera desmoronado una torre humana.

A la belleza de estas imágenes se une el baile grupal con enorme precisión, pues el riesgo de las acrobacias es alto.

Por fin los bailarines giran sus caras hacia el público, hacia la otra orilla del Mediterráneo. Abren sus manos y giran sobre sí mismos, a la manera ceremonial de de los derviches.

Hervé Koubi ha impuesto a sus intérpretes varios ritmos, algunos muy diferentes a los que están acostumbrados, como cuando alzan sus brazos, en forma de flecha en grupo, buscando la luz, y creando bellos instantes casi sin moverse.

Koubi es un creador talentoso, pues no sólo ha generado un propio lenguaje, sino que ha respetado la identidad dancística de los bailarines.

La pieza cautivó a un público que, finalmente puesto en pie, rindió homenaje a este lenguaje que une las dos orillas de un mar que es de todos.

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