Eduardo Mendoza en la Fundación Cajasol
Eduardo Mendoza en la Fundación Cajasol - J. M. SERRANO
LITERATURA

Eduardo Mendoza: «El Premio Cervantes es como Miss España»

El escritor barcelonés mantuvo una charla este lunes con el periodista Jesús Vigorra en la Fundación Cajasol

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El humor es uno de los principales rasgos de estilo en la obra de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943). Por ello, los que llenan sus conferencias, como la que ofreció ayer en la Fundación Cajasol, acuden sabiendo que no sólo van a compartir algo más de una hora de literatura con uno de los autores más reconocidos de las letras hispanas, sino que, además, se van a reír, algo que no siempre ocurre con un escritor. Si, además, la conferencia se titula «¿Leer adelgaza?», la risa está asegurada, tanto como la que genera leer varias páginas de libros tan intencionadamente humorísticos como «Sin noticias de Gurb» (1991).

«La cocina inglesa está llena de recetas para adelgazar», «enfrentarse al personal docente es más peligroso que hacerlo al Estado islámico» y «para leer un libro malo es mejor irse a charlar con los amigos» son tres frases que resumen muy bien el tono de la conversación que mantuvo el autor de «La verdad sobre el caso Savolta» (1975) con el periodista Jesús Vigorra.

Una charla en la que el escritor barcelonés habló de literatura, como los comentarios que hizo sobre Alejandro Dumas y lo mucho que le había gustado «Los tres mosqueteros», y lo importante que era dejar libro «cuando deja de tener interés», lo que le sucedió con «El conde de Montecristo».

También hubo lugar para que hablara de su propia obra, como, por ejemplo, los siete años que le llevó escribir «La ciudad de los prodigios» (1986) y la necesidad que tuvo de escribir de por medio «El misterio de la cripta embrujada» (1978). «Si uno pasa cuatro años sin publicar, piensa uno que no va a publicar más», confesó el escritor, que ahora vive a caballo entre su ciudad natal y Londres.

«Nunca he conseguido leer una novela mía. Mis propios libros son otras vidas que se cerraron»

Mendoza explicó, además, que cuando termina una novela no vuelve jamás sobre ella, aunque hizo una excepción con «La verdad sobre el caso Savolta» cuando se preparó una edición crítica. «Intenté leerla una vez y no pude. Nunca he conseguido leer una novela mía. Cuando termino una novela la termino. Mis propios libros son otras vidas que se cerraron, son algo cadavérico para mí».

A preguntas de Vigorra, Mendoza se refirió, no sin cierto aire desmitificador, a la concesión del Cervantes en 2016. «Soy Premio Cervantes hasta dentro de cuatro días», señaló en referencia a que pronto ser reunirá el jurado y designará un nuevo ganador de principal galardón de las letras españolas. Por ello, el escritor explicó que el Cervantes es «como Miss España», donde uno mantiene la corona un año, hasta que llega una nueva ganadora.

A pesar de admitir que el premio «no cambia la vida y no te paran por la calle», el escritor explicó que el galardón supone el «reconocimiento de una vida de persistencia y de compromiso con lo que uno cree», aunque a partir de ahí el escritor volvió a tirar de ironía.

«Miré la lista de premiados para ver cuántos de los ganadores estaban vivos», explicó, aunque lo que le llenó de inquietud fue «ver cuántos años vivieron después de la concesión de este premio y salían unos cuatro de media. Así que lo que tengan que preguntar, pregúntelo ya».

«Salvo en la Biblia, en todas partes se ha cultivado el humor»

Y por si a alguien le quedaban dudas sobre la importancia del humor en la literatura, Eduardo Mendoza defendió su carácter «subversivo», capaz de romper la lógica de los valores cotidianos, así como la importancia de buscar «la excelencia» en su práctica. Por ello, defendió la obra de escritores como Wenceslao Fernández Flórez, Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura, escritores españoles que «no están en los manuales», pero que «me parecen más importantes que otros de su época» más valorados por un supuesto compromiso social.

«Salvo la Biblia, en todas partes se ha cultivado el humor», aseguró el escritor, para quien la literatura española y obras como «El Quijote» o «El Lazarillo de Tormes» han servido de inspiración para otras tradiciones literarias. «Toda la literatura universal ha sacado el humor de la literatura española».

Y así continuó Eduardo Mendoza durante algo más de una hora, hasta que terminó el acto y anunció que estaba dispuesto a fimar los libros de todo aquel que se lo pidiese. Eso sí, ni «selfies» ni pedirle ocurrencias más allá de la dedicatoria. «Lo que escribo lo cobro», señaló.