Festival Internacional de Danza de Itálica / Crítica

«Enola gay..., de nuevo»

El colectivo Laguilda Obscénica estrenó en el claustro de San Isidoro del Campo, «Offlimits»

Momento de la representación de «Offlimits» en Itálica
Momento de la representación de «Offlimits» en Itálica - Festival de Itálica/Oscar Romero
Marta Carrasco Sevilla - Actualizado: Guardado en: Cultura

La correspondencia entre el filósofo Günther Anders y Claude Eatherly a propósito de la primera bomba atómica que los americanos hicieron explotar sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, es el punto de partida de esta obra titulada «Offlimits» del Coletivo Laguilda Obscénica, que se han reunido para realizar esta propuesta.

Para comprender este punto de partida hay que saber que Claude Eatherly fue quien un 6 de agosto de 1945 a bordo de un avión B-29 Straight Flush, realizó la misión «Hiroshima A Bomb Mission», cuyo objetivo era valorar las condiciones atmosféricas existentes sobre la ciudad de Hiroshima. En el caso de que las condiciones de Hiroshima no fuesen favorables, se habían escogido otros «blancos alternativos«, como Kokura o Nagashaki. Ese día el cielo amaneció despejado y la historia nos ha contado lo que luego ocurrió. Eatherly no sabía la dimensión de su cometido. La imagen de la explosión y lo que allí ocurrió, fue una pesadilla para el resto de su vida.

Dicho esto la propuesta de Laguilda Obscénica desemboca en varios lenguajes, desde el flamenco a la danza contemporánea, tanto en el aspecto musical como dancístico.

Festival de Itálica/Oscar Romero

En el claustro de los Muertos de San Isidoro del Campo, María Cabeza de Vaca, bailarina de danza contemporánea y José Maldonado, bailaor de flamenco. Al cante un magnífico Juan Murube, que también realiza un largo recitativo al final de la obra. A la guitarra, Fernando María y en la batería, Isa Rodríguez, quien demostró con creces su talento como percusionista. La obra cuenta además con un vídeo, casi documental, sobre escenas de Hiroshima realizado por Shaula Ortega.

Una obra compleja con una propuesta no cerrada, en la que los intérpretes combinan sus estéticas. Pasan muchas cosas sobre la escena, a veces no se sabe bien dónde mirar, pues la presencia y fuerza de las imágenes que se proyectan son tan impactantes, que a veces están por encima de la danza.

Ambas estéticas dancísticas están bien combinadas, aunque sea el flamenco quien impone con más rotundidad su presencia. La obra, que duró una hora cuarenta y cinco, tiene algunas caídas de ritmo, inevitables por su extensión, pero también momentos muy contundentes y expresivos dignos de los dos magníficos intérpretes de danza y del resto del elenco musical.

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