Momento de la representación, creada por Isabel Vázquez
Momento de la representación, creada por Isabel Vázquez - Daniel Vico
Crítica de Danza

Los hombres Malboro..., o el mundo real

La pieza, interpretada por seis hombres, es una coreografía sobre la incapacidad emocional masculina, llena de humor

SevillaActualizado:

Había mucha expectación ante «La maldición de los hombres Malboro», una creación de Isabel Vázquez, hasta tal punto que la obra fue la primera que agotó localidades en el Festival de Itálica.

La pieza es una propuesta que tiene mucho de ese espíritu de Vázquez donde la interpretación y la implicación de los bailarines es tan importante casi como la danza. La coreógrafa ha querido contar la incapacidad emocional de los varones, o como se indica en el programa «la mujer que más necesita ser liberada es la que reside en el interior de cada hombre».

Lo mejor que se puede decir de un espectáculo es que mantuvo el interés del espectador, no sólo por la propuesta dancística, sino por la calidad innegable de los bailarines.

Isabel Vázquez ha llamado a sus antiguos alumnos, todos ellos fuera de Sevilla en compañías de prestigio internacionales y nacionales, como la de Win Vandekeybus o Date Danza. La empatía entre los bailarines y la coreógrafa, era impactante.

Así, Vázquez nos presenta los «hombres-tipo», esos «machos» de diseño que inmortaliza a través de posturas de concurso de culturismo, o mucho más divertido, por una especie de «haka» al uso de las que hacen los jugadores de rugby, incluso con el famoso gesto de sacar la lengua. Pero hay otros guiños, hombres que se sueltan en sus gestos y son recriminados por el grupo; hombres a los que les gusta el rosa..., y son ridiculizados..., hay muchos y divertidos y hilarantes momentos que hacen pensar, y mucho.

Quizás uno de los instantes más impactantes es cuando los bailarines danzan con una voz masculina que habla del «hombre blandengue»..... «la mujer es la mujer, y el hombre no puede ser un hombre blandengue», dice la voz... y los bailarines danzan, entre tragedia y comedia, a ese hombre blandengue. La conocida voz es la del cantante de copla El Fary.

Bailes de hombres, como cuando danzan con música de los Balcanes y recuerdan los bailes folklóricos de aquellas zona sólo ejecutados por hombres, o las músicas turcas en las que los bailarines más que bailar, luchan. Recuerdo aquella coreografía de Christian Rizzo, «D’après une histoire vraie», que también jugaba con esas hermosas danzas de los Balcanes.

«Sòlo ví llorar a mi padre dos veces. La primera cuando el Betis bajó a Segunda», relata Baldo Ruiz, en un momento en el que la danza se para quizás demasiado, para entrar la palabra y el relato. Gran interpretación de Ruiz, aunque en mi opinión la palabra tan explícita no hace falta, quizás demasiada palabra en mi opinión, que rompe el frenético y magnífico ritmo de la obra hasta ese momento. Es tal el peso de la coreografía y la calidad de la danza, que incluso hasta le sobraría la palabra, aunque comprendo la licencia de la creadora al introducirla.

El peso interpretativo recae en todos los bailarines, con más acción en el actor Arturo Parrilla, que está estupendo también bailando. Todos los intépretes están en un momento magnífico, de gran calidad dancística y expresiva, dándose por completo en el escenario. Un gusto ver a estos buenos bailarines forjados en Andalucía, con calidad y nivel europeo, pese a que tengan que desarrollar sus carreras fuera de su tierra.

Esta obra de madurez de Isabel Vázquez pone de manifiesto el gran talento de esta maestra, bailarina y coreógrafa, cuando como en esta ocasión, ha tenido un material humano de primera categoría para trabajar, y le ha sacado el mejor partido. Una obra, «La maldición de los hombres Malboro» que debería ser vista como trabajo de clase de educación para la ciudadanía, en institutos de Andalucía para desmontar muchos mitos que, aunque estemos en el siglo XXI, aún prevalecen.