Joaquín Sabina, durante un concierto de la gira
Joaquín Sabina, durante un concierto de la gira - EFE
CANTAUTOR

Joaquín Sabina llega a Sevilla tras triunfar en Londres

El compositor de Úbeda actúa el domingo en el Estadio de la Cartuja después de cumplir su sueño de cantar en el Royal Albert Hall

LONDRES/SEVILLAActualizado:

Pocos, muy pocos, compositores en España tienen el «status» de Joaquín Sabina, responsable de una larga carrera discográfica que arrancó a finales de los setenta que lo ha llevado a ser querido y admirado a ambos lados del Atlántico, hasta el punto de estar considerado como uno de los grandes letristas de la música en castellano, cuando no directamente como poeta, terreno, el literario, donde también ha tenido gran éxito. Este domingo llega a Sevilla.

Sus fans, además, han recibido con entusiasmo «Lo niego todo» (2017), por considerar el álbum uno de los mejores de su trayectoria reciente, y han respondido a la convocatoria de una gira que ya ha vendido más de 150.000 entradas solo en España y que ha colgado el cartel de «no hay billetes» en 11 de las 26 actuaciones previstas.

Todo ello hace que Joaquín Sabina regrese a Sevilla por la puerta grande en una gira en la que, además, el cantante ha visto hecho realidad uno de sus sueños: actuar el pasado miércoles en el Royal Albert Hall, la sala de conciertos con más solera de Londres, última parada de la gira antes de llegar este domingo al Estadio de la Cartuja, un escenario donde actuó hace ahora diecisite años. Para hacerse una idea sobre la importancia del Royal Albert Hall, baste recordar que cada año se encierra en él Eric Clapton y organizan sus galas benéficas The Who.

Joaquín Ramón Martínez Sabina, nacido en Úbeda hace 68 años, con merecido status de patrimonio nacional, armó una formidable fiesta española en el Royal Albert Hall. Hablando siempre en castellano, trató a la parroquia de usted. Contó chascarrillos de sus años de exilio bohemio en Londres («yo era squatter aquí, todavía no se había inventado lo de ocupa»). También homenajeó al héroe Ignacio Echeverría y a las familias españolas que vivían en la torre que a esas horas todavía humeaba en North Kensington.

Salió a escena entre un clamor el poeta de la voz curtida. Vestía bombín reglamentario, traje color púrpura y camiseta negra. Más tarde cambió de indumentaria un par de veces y el bombín dio paso a un panamá blanco. A Sabina se le notaba orgulloso y un pelín emocionado por pisar las tablas del Royal Albert Hall: «Durante siete años anduve por aquí por Londres, cantando en restaurantes inmundos. Entonces, ni en mis sueños más disparatados me habría atrevido a soñar que un día estaría aquí».

Sabina está bien de voz -comparen con el Dylan crepuscular- y su garganta defiende con energía su repertorio. Sabido es que el poeta tuvo pasado de búho y de oso hormiguero, lo que se precipitó en 2001 en un sonado ictus que su gracejo burlón denominó «un marichalar». Ahora toca administrar fuerzas. Se marca sus pasitos de baile, vacila un poco con los músicos y el respetable. Pero sabe que a estas alturas es necesario dosificarse, así que a lo largo de un generoso concierto de casi tres horas hace tres descansos, en los que deja que las estrellas de su banda canten un par de canciones mientras él toma el aire.

Resultó hermoso haber visto a un país hermanado entorno a un artista de tanto talento, personalidad y biografía. Sabina sigue su ruta ahora hacia Sevilla, donde sus fans lo esperan con el deseo de que su cita en el Estadio de la Cartuja se salde con otra noche mágica como la del Royal Albert Hall del miércoles o aquella del 2000.