Crítica de Danza

Un luminoso «Don Quijote»

La Compañía Nacional de Danza estrena un clásico en el teatro de la Maestranza

SevillaActualizado:

Debemos transportarnos a unos veinticinco años atrás, cuando la CND se llamaba Ballet Lírico Nacional para recordar un clásico. Y por fin ha llegado. «Don Quijote» fue el título elegido por el director José Carlos Martínez para poner a punto una compañía que venía del contemporáneo y debía recuperar las puntas. No ha sido fácil, pero a tenor de lo visto anoche en el teatro de la Maestranza, el esfuerzo ha valido la pena.

El «Don Quijote» de Petipá tenía el corazón «partío» entre el alma española y la rusa. La obra se basa en el capítulo de las bodas de Camacho en el que se relata el romance entre el barbero Basilio y la joven Quiteria.

Martínez conoce muy bien este ballet y sus versiones por sus veinticuatro años en la Ópera de París, y por eso se ha permitidio «españolizar» un poco más la obra, incluyendo por ejemplo los abanicos o el toque de palillos en la escena que realiza Sancho Panza, interpretado por un bailarín de danza española, Jesús Florencio antaño en el Ballet Nacional de España, y que realiza un papel lleno de matices y comicidad.

También ha contado Martínez con otra bailarina de Español, Mayte Chico para las coreografías del Bolero y el Fandango, que le dan una gran impronta y vitalidad a la obra.

Es una alegría ver una compañía institucional como ésta abordar un clásico con tan buena desenvoltura. El elenco desarolla con efectividad el lenguaje pantomímico de la obra, y genera muy buenos cuadros sobre todo en los momentos corales de los tres actos, que tienen una enorme vistosidad.

La escenografía respeta el carácter del XIX con telones y decorados muy clásicos, al igual que el vestuario, donde lo español está algo más reforzado en su diseño.

La madrileña Cristina Casa hace el rol de Quiteria. Bailarina recuperada del exilio europeo, hizo una excepcional interpretación llena de matices en la que destacó en la diagonal del primer acto, con unas espléndidas puntas, muy buena extensión en saltos y equilibrio en los giros. El público atronó en aplausos cuando hizo en la coda del tercer acto los treinta y dos «fouettés», que hacía tiempo no veíamos en el Maestranza. No le fué a la zaga el bailarín cubano Yanier Gómez, que impuso a su papel una enorme energía, con extensión en saltos y estupenda técnica. Ambos brillaron sólos y en los pasos a dos. Destacar también a Seh Yun Kim, etérea en su rol de «Dulcinea», y al sevillano Alvaro Madrigal en el pantomímico y cómico papel de «Camacho».

Una noche espléndida de ballet, que hasta hizo que una espectadora comentara al final, «parece que vemos una compañía extranjera,¿ verdad?». Pues no, es la Nacional. Por fin.