Más de 400 cantantes no profesionales participaron en la iniciativa
Más de 400 cantantes no profesionales participaron en la iniciativa - RAÚL DOBLADO
TEATRO DE LA MAESTRANZA

«Mesías» con estusiasmo en Sevilla

Asombró el trabajo intenso del director Joolz Gale para conjuntar los coros

SEVILLAActualizado:

Las novedades de cada edición de este «Mesías» se basa en el cambio de solistas y director… y en ver si los coros se terminan de ajustar de una vez, o no. Joolz Gale es un jovencísimo director que dirige Mahler en formato reducido y que conoce el barroco directamente de la mano de su mentor John Eliot Gardiner en el Monteverdi Choir.

Pero no fue tanto el respeto a una estética barroca como el denodado esfuerzo en conjuntar a los coros lo que nos asombró. Para ello en la primera mitad, donde las voces se mueven simultáneamente (homofonía), el director nos pareció que «estiraba» cada compás, esperando que todos llegasen a cada nota para continuar: era cuestión de milésimas, la sensación rítmica podría resultar incómoda, pero no tanto como cuando suenan desajustados.

Sin embargo, en la segunda mitad las voces se mueven con más independencia (contrapunto), así que aunarlas fue ya imposible, aunque el británico, con paciencia, iba reconduciendo a los coros haciendo la unidad. El famoso «Aleluya», que contiene ambas texturas, también se vio en semejante brete.

El coro solista invitado, el de la Comunidad de Madrid, respondió a la profesionalidad que se le espera, sorteando sus pasajes contrapuntísticos con claridad y firmeza.

En cuanto a los cantantes, la sola presencia de Núria Rial ya justificaba la asistencia al concierto, por admirar una vez más un bellísimo registro, unificado de arriba abajo, muy equilibrado, donde cada nota tiene sentido y conduce a la siguiente, reinando en las secciones líricas («How beautiful…») o en la virtuosísticas, abordando un «Rejoice» a una velocidad muy rápida, y aún así perfecta en afinación y definición de las agilidades, aunque a estas alturas ya no tiene que demostrar nada.

A su lado tuvo a Matthias Rexroth, un contratenor quizá mezzo antes que contralto, puesto que para los registros más graves usaba su voz, produciendo unos cambios de color no deseables; tampoco la afinación brilló, e incluso los tiempos resultaban morosos por una falta de técnica de mayor fluidez.

Magnífico David Alegret en volumen, expresión y homogeneidad de registro. Enric Martínez-Castignani es un barítono que a veces no cubre con seguridad la zona grave y que procura sacar más volumen de lo que acaso pueda, con lo que fuerza su registro en cuanto la partitura se encrespa («The trumpet…»).

Nos cautivó el entusiasmo de Gale y el trabajo intenso: llegó a marcar las subdivisiones binarias y ternarias con el cuerpo, por ver si conseguía aunar los coros. Necesitamos gente que se deje la piel, y que esto ocurra antes de que adquieran un renombre internacional (con el correspondiente caché). Y a los coros: el entusiasmo es imprescindible, pero los resultados también. Vimos a algunos coralistas titubeando, yendo a remolque de quienes se lo sabían, y eso puede explicar muchas cosas.