Cultura - Teatros

El Teatro Lope de Vega estrena «El baile», de Edgar Neville, con Pepe Viyuela

Susana Hernández y Carles Moreu completan el reparto de esta obra

El Teatro Lope de Vega presenta este miércoles un clásico de Edgar Neville, «El baile», que se estrenó en el año 1952. Pepe Viyuela, Susana Hernández y Carles Moreu son protagonistas de una versión que se diferencia notablemente de la original. De esta forma, pretende contar el tiempo, el país y el teatro que han transcurrido desde el momento de su estreno –1952– hasta nuestros día, transportando las tres pautas temporales de los tres actos originales -1900/ 1925 /1950- a la primera mitad de los cincuenta, finales de los setenta e inicios del siglo XXI (nuestro tiempo), y diversificando la única pauta espacial original –el salón de la casa- en tres lugares distintos: el salón de la casa, un gabinete de estudio de una universidad o centro Científico y la sala común de una Residencia de la Tercera Edad.

Pepe Viyuela decidió convertirse en el productor de El baile nada más leer el guión. A partir de ahí se realizó una adaptación de la obra: Pedro, Julián y Adela mantienen el equilibrio en una relación poco habitual para mediados del siglo XX. La obra se desarrolla a lo largo de los 50, los 70 y Viyuela ha decidido que el último acto tenga lugar a principios del siglo XXI. La dirección es de Luis Olmos, siendo el estreno de la obra en el Teatro Fernán Gómez de Madrid.

Esta adaptación conlleva una lógica revisión –parcial, por supuesto– del texto, operación que supone –como no puede ser de otra manera– el mantenimiento del asunto, personajes, tramas, situaciones, desarrollo y desglose de actos originales... y una síntesis textual encaminada a naturalizar la conversación, fraseo y léxico (procurando la economía y la ausencia de retórica, haciendo valer el núcleo de la réplica y de la acción, haciendo valer, en definitiva, la poesía y el humor) y a adecuar sus referencias al contexto general (cultural y social) marcado por el nuevo arco temporal propuesto.

Lo que se pretende es que este «Baile» nos alcance, nos incumba, nos toque, nos apele, nos refleje. Vital, emocional e ideológicamente, pues la crítica, la teoría teatral y las nuevas generaciones de lectores y/ o espectadores de «El Baile» –o de su versión cinematográfica del 59, o del Estudio 1– han ido mucho más lejos en sus interpretaciones que las puestas en escena que se conocen de ella (incluso las más recientes), de forma que en la práctica, «El baile» parece un texto condenado a una cierta fosilización dramatúrgica, mientras que la discusión sobre su meollo y caracteres es más arriesgada, imaginativa y universal.

Por otro lado, al hilo de los tres tiempos que se proponen –inéditos en la tradición de la representación de «El Baile»– se han querido convertir los tres actos en expresiones de tres modos teatrales y comediográficos diversos: el primer acto es una screwball comedy; el segundo se acerca por momentos a un melodrama «buero-vallejiano» y en el tercero está cerca de Becket o de Pirandello. Los tres actos son, tratándose de un baile, tres pasos «a tres», y tres movimientos del mismo, que van desde la agilidad y la vivacidad del primer acto a una coreografía imposible –por «inmóvil»– ya en el final.

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