Una escena de «El público»
Una escena de «El público» - ABC
CRÍTICA DE TEATRO

«El público»: palabras bajo la arena

La compañía japonesa Ksec Act presenta en el teatro Valle-Inclán la obra de García Lorca

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Más de cuarenta años representando teatro español lleva la compañía japonesa Ksec Act. Arrabal, Cervantes, Lope, Valle-Inclán, Calderón… Y sobre todos –traducidos por Yoichi Tajiri, gran impulsor de esta iniciativa– Federico García Lorca. «El público» es la séptima aproximación al autor granadino de este formidable elenco que sumerge en los códigos del teatro noh el torrente surreal, los enigmas candentes y las pulsiones homoeróticas del inquietante texto, que Lorca escribió en el gozne entre los años 20 y 30 del pasado siglo.

En una reciente entrevista, José Luis Gómez me comentaba la importancia de mantener el legado universal tejido por las voces y experiencias de multitud de gente de la escena y que irriga manifestaciones teatrales diferentes a través de las épocas. Y citaba un crecido caudal alimentado, entre otros, por el «Fushikaden» de Zeami, el trabajo teórico de Stanislavski, los golosos datos sobre los cómicos que Agustín de Rojas introduce en «El viaje entretenido», los textos de Luigi Riccoboni, la cartas de Louis Jouvet en el Conservatorio… Zeami (1363-1443), padre del teatro noh, escribió varios manuales de teoría teatral impregnados de la espiritualidad de su cultura y dedicados específicamente a la formación de autores de esa modalidad escénica japonesa, pero cuyas premisas son útiles y reveladoras para cualquier intérprete.

Esta deslumbrante puesta en escena de «El público» está permeada desde luego por el aliento de Zeami y la música gestual del teatro noh, pero también hierve en ella ese legado transcultural, pues transmite ecos y estremecimientos de Bertolt Brecht y Grotowski, el estupor metafísico de Beckett y los paisajes expresivos del Odin Teatret, el lenguaje ancestral de la pantomima y el aliento de la Comedia del Arte, Tadeusz Kantor y la crueldad abisal de Artaud…

Un compendio de sabiduría teatral vertido sobre el escenario para acercarse a las claves misteriosas y anticipadoras de «El público». Tajiri, que firma una versión bastante aligerada de texto, coloca el enigmático «Solo del Pastor Bobo», situado a veces en otras adaptaciones tras el cuadro tercero, como cierre del espectáculo para subrayar el juego de caretas de los personajes.

El montaje se abre con una impactante escena de quietud y silencio, con los rostros de los actores transmutados en máscaras que se exasperan en un grito inaudible. Son el público, ese ente plural de cientos de ojos y bocas, un anhelante cuerpo colectivo que llama a las puertas del director tal vez en busca del hondo teatro verdadero que está bajo la arena. La dirección de Kei Jinguji rastrea los secretos que atesora el texto y exhuma con meticulosa pasión y fascinante entrega las palabras colocadas bajo la arena por Federico García Lorca en esta obra compleja e hipnótica. Los intérpretes realizan un bello y potente trabajo cimentado en su coordinación y expresividad, y que, desde esa teatralidad tan lejana, acierta en la diana del corazón.