Ramón Vila en el burladero de médicos de la Real Maestranza JUAN FLORES
OBITUARIO

Adiós a Ramón Vila, el médico y «ángel de la guarda» de los toreros

El ex cirujano jefe de la Maestranza durante más de tres décadas, muere en Sevilla a los 80 años

Actualizado:

«Todos los toreros nos hemos acordado de don Ramón cuando hemos tenido una cornada. Para nosotros ha sido una de las personas más importantes. Era un gran médico, una excelente persona además de un gran amigo. Yo llegué muerto a la enfermería», asegura Pepe Luis Vargas. Al diestro de Écija las manos de «este ángel de la guarda» le salvaron la vida el 24 de abril de 1987 cuando «Fantasmón» le partió la femoral y la safena en la puerta de chiqueros de la Maestranza. No fue el único.

El cirujano taurino Ramón Vila Giménez, que falleció al pasado jueves en Sevilla recién cumplidos los 80 años, atendió a más de 1.500 toreros a lo largo de su trayectoria profesional. Como cirujano jefe de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla estuvo 33 temporadas, desde 1978 a 2011, año en el que fue relevado por Octavio Mulet. Ramón Vila era un referente de la medicina taurina. Una eminencia. Pero sobre todo un hombre querido y respetado por quienes le conocían.

Su nombre ha estado ligado al de la Plaza de Toros de Sevilla desde hace más de medio siglo. En 1965 comenzó a colaborar con su padre, el también cirujano Ramón Vila Arenas, que se forjó un prestigio profesional en la enfermería de la Real Maestranza junto al doctor Antonio Leal Castaño. Don Ramón fue el cirujano jefe en «el mejor equipo de profesionales», tal y como los definió, hace poco más de un mes, en la última entrega de los premios «doctores Vila».

A pesar de tener algunos problemas de salud en los últimos meses, la noticia de la muerte de Ramón Vila ha pillado por sorpresa al mundo taurino, que ha perdido a uno de sus referentes. El día de su cumpleaños lo celebró en el jurado de los Premios Taurinos Puerta del Príncipe donde se le vio bastante mejorado y con mucha ilusión por recuperarse.

En el tanatorio de la SE-30, acompañado de numerosos amigos y conocidos, el féretro estaba cubierto con un capote de paseo de Pepe Luis Vargas. Su mujer Pilar Cañas, que siempre estuvo junto a él, también en su afición taurina, contaba que se «había quedado dormido», puede que soñando con alguna de las faenas que vio durante sus muchas temporadas en la Real Maestranza. Hasta allí se acercaron, entre otros muchos, la historiadora Enriqueta Vila, el periodista Antonio Burgos, el empresario Jesús Rodríguez de Moya, el ganadero Enrique Moreno de la Cova y Fernando Murube.

Después de 33 años al frente de la enfermería, Ramón Vila no faltó a su puesto en el burladero de médicos, siempre alerta a los posibles percances, ya que aseguraba que era fundamental saber cómo se había producido la cornada para actuar de la forma más rápida posible. Se consideraba un «médico-torero» era un gran aficionado a los toros. Quienes lo trataron de cerca destacan su lado humano y su valía profesional. «El trato de Ramón fue inmejorable, como médico y como persona, con mucho mimo y cariño. Siempre me llamó la atención que dijera que mi cornada fue la más fuerte de las que había visto en Sevilla. Fueron tres cornadas con cinco orificios, dos de entrada y salida. Me salvó la vida», rememora Luis Mariscal, que fue cogido el 15 de agosto de 2010. «Recuerdo al entrar en la enfermería cómo taponaba las heridas para cortar la hemorragia y daba instrucciones para que todos supieran qué hacer. Estamos muy tristes con su pérdida, hay grandes profesionales pero él era también una gran persona».

Además de su reconocimiento en el mundo del toro fue jefe de sección y coordinador de Cirugía del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla donde desarrolló su labor profesional. Su nombre se popularizó cuando el 26 de septiembre de 1984 Francisco Rivera «Paquirri», cogido mortalmente por «Avispado» en Pozoblanco, pidió desde la enfermería del coso cordobés: «¡Qué llamen al doctor Vila!». Con el torero de Barbate le unía una sincera amistad. El primer año en el que estaba al frente de la enfermería de la plaza de toros de la Real Maestranza, tuvo que atenderlo de dos gravísimas cornadas en los muslos cuando toreaba a un toro de Osborne. Era la Feria de Abril de 1978.

Sus momentos más duros tuvieron lugar en el año 1992 cuando murieron en el ruedo de la Maestranza dos toreros de plata. Manuel Montoliú, en la Feria de Abril y Ramón Soto Vargas, en septiembre, ambos por dos certeras cornadas en el corazón. Antes le había salvado la vida a Pepe Luis Vargas en 1987 y después a Franco Cardeñoen 1996. El novillero Curro Sierra salvó la suya gracias a las manos sabias de Ramón Vila cuando un novillo le partió la femoral y la ilíaca el 21 de junio de 2004. «Era un hombre muy bueno, un gran aficionado que trataba a la gente y a los toreros con mucho cariño. Cuando me saludaba me decía, “mi niño”. Cuando me pegó la cornada yo tenía 17 años, me estuvo viendo en el hospital y se portaron muy bien conmigo y solo tengo palabras de agradecimiento para él», asegura 14 años después de aquel percance. Hoy, como todos los que le conocieron, lloran su marcha pero le recuerdan con una sonrisa.