Pablo Aguado en el dibujo de Humberto Parra
Pablo Aguado en el dibujo de Humberto Parra - HUMBERTO PARRA
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CONTRACRÓNICA

El esportón de Juan Belmonte

Pablo Aguado hizo el toreo de Sevilla, logró una oreja con un temple sublime, con naturalidad, con gusto y torería

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Con el esportón cargado de ilusiones llegaban a la Maestranza tres toreros sevillanos. Tres jóvenes buscando su futuro. Cada uno con sus circunstancias. Tres toreros pidiendo paso para encauzar su camino. Tres diestros de Sevilla, que anda buscando un torero.

Con el esportón de Juan Belmonte vino a Sevilla Javier Jiménez. La nieta del Pasmo de Triana, Miriam Beca, se lo dejó el año pasado al de Espartinas que venía dispuesto a llevárselo de vuelta cargado de orejas y de contratos, que así es como se ha labrado su carrera en los últimos cinco años. Pero le tocó el lote complicado y parece que le dejó el premio a Pablo Aguado, en ese brindis del primero, de torero a torero.

Para él fue la única oreja del variado e interesante encierro de Torrestrella, para el torero de la terna con menos experiencia. Era su primer paseíllo desde que tomó la alternativa en la Feria de San Miguel. Hace menos de un mes que perdió a su padre y quiso brindarle el primer toro a su madre. De brindis también fue la historia de la tarde. «Va por usted porque siempre ha sido espejo de los buenos toreros», le dijo a Curro Romero, sentado en una barrera del 1, antes de lanzarle la montera y ponerse a torear al sexto, al que le cortó el trofeo.

Nadie mejor que el Faraón de Camas para comenzar la faena con un temple sublime, con naturalidad, con gusto y torería. El toreo de Sevilla. A pies juntos, citando de frente, con cadencia al natural, el mentón hundido en el pecho. Imágenes para enmarcar. Fotografías para ilustrar carteles de toros. En el anterior había estado firme y valiente, pasándoselo muy cerca y sin mover ni una pestaña. Valor sereno. Toreo de empaque. Y dispuesto en los quites, medidos —¡Ay, el sentido de la medida!—de dos chicuelinas y dos medias.

La tarde fue de Pablo Aguado que tuvo toros e hizo el toreo para llenar el esportón de orejas pero le falló la espada. Al enfilar la suerte suprema, se colocó en la cara, se le vio dispuesto, hasta se cruzó un poco más allá, pero le ocurrió como en la novillada de Corpus sevillano del año pasado, en el mano a mano con Rafael Serna, que se anuncia hoy con La Palmosilla.

Javier Jiménez y Lama de Góngora trajeron sus esportones llenos de ilusión al festejo pero se fueron de vacío. Jiménez pechó con el peligroso primero, de esos que no se acaban de ver en el tendido, y le brindó el cuarto a José Luis Peralta, su apoderado y amigo que tendrá que seguir peleando en los despachos lo que Javier logra en el ruedo.

Y Lama de Góngora hizo su brindis del segundo al público de Sevilla, con quien se reencontraba después de dos años de travesía, si no por el desierto, sí por la soledad y la distancia de México. El mexicano de adopción sorteó un segundo toro con mucha transmisión que tuvo tres series de lío antes de apagarse. Parecía que la faena iba a remontar el vuelo pero se acabó pronto, como el ánimo del torero con el burraco que hizo quinto. La historia del festejo estaba casi escrita y Aguado le añadió un capítulo.

Sevilla busca un torero y en la de Torrestrella había tres candidatos. La pregunta es quién heredará el esportón de Juan Belmonte que Javier Jiménez trajo a la Maestranza. La afición de Sevilla está deseando encontrar a un torero. Con los torrestrellas Pablo Aguado demostró que hay torero y que quiere ser el torero de Sevilla.