Laia Sanz, en la salida del Dakar 2017
Laia Sanz, en la salida del Dakar 2017 - REUTERS

Dakar 2017Laia Sanz: «El calor hace sufrir alucinaciones, oyes motos que no están»

Su noveno puesto en 2015 es la presión de su vida. Potente, dura, venció al machismo. Los hombres la respetan. Aguanta como ellos. Y les venció

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Fuerte como una roca, alta como una montaña, Laia Sanz acapara el protagonismo de los pilotos españoles junto a Nani Roma, Carlos Sainz y Joan Barreda. La mejor piloto femenina de la historia de la carrera ataca su séptima participación con 31 años de madurez y el reto perenne que la exaspera, que la persigue: «Superar el noveno puesto de 2015». Lo manifiesta la propia Laia, porque es como un subconsciente maldito. Aquello fue una «trastada». Lo hizo bien y salió todo bien. El año pasado fue decimoquinta y corrió todavía mejor, pero solo se mira la posición final. La catalana comenzó ayer la cuadragésima edición de la prueba, la más dura desde 1979, con el objetivo de repetir aquella proeza.

–Es usted una heroína de la carrera. En Sudamérica la adoran.

–Sí, es la verdad. Tengo muchos seguidores. Flipan conmigo. Desde que corro el Dakar en 2011 y me hice famosa en esos países me llegan propuestas de matrimonio cada día por facebook. Me gané la admiración de todos.

–Cuando debutó dijo que había machismo en este ambiente. ¿Hoy lo nota ante usted?

–Hay machismo todavía, pero todo ha cambiado, porque me he ganado el resto de todos los que han corrido un Dakar. Valoran lo que hago. Noto ese machismo en los pilotos más débiles, porque les da mucha rabia que yo les gane. Si les supera un hombre no pasa nada. Y lo escuchas en pilotos que no van al Dakar y sueltan: «Si Laia es novena, eso no es tan duro».

–¿La cosa más bonita del raid?

–La gente. En Bolivia viví lo más gracioso que me ha pasado en el rally. Iba corriendo en la moto y me encontré con dos hombres que me enseñaron dos pancartas. Una decía: «Laia, quiero un hijo tuyo». Y la otra decía: «Y yo también». Levanté el pulgar para saludarles y continué riéndome sobre la moto mucho, mucho rato.

–¿Su noveno puesto de 2015 es una presión insoportable?

–Me presiona porque me exijo mejorar cada vez más. También fui quinta en una etapa. Pero hay que ser realista, por nivel no puedo ganar una etapa, salvo que ocurran cosas de suerte, porque tengo delante muchos pilotos que van rápido.

–¿Qué teme de la carrera?

–Los seis días que soportaremos en altura y los terrenos de arena que Marc Coma le ha añadido al rally. Ha hecho una prueba más dakariana, con etapas largas y de mayor navegación, con pasos de control más estrictos, que puedes pasarte de largo. Vamos a flipar. Y después de seis días en altura pasaremos de golpe a los 50 grados de calor en Argentina.

–Les preocupa la altitud y el calor aunque ustedes se entrenan al máximo para aguantarlo todo.

–Porque por mucho que entrenes, nunca sabes cómo responderás llegado el momento. No puedes controlar tu cuerpo. Puedes llegar a esas etapas de tres mil metros de altura y sentirte mal. Me pasó en el Salar de Uyuni en 2015, cuando estuve a ocho grados bajo cero junto a Gonçalves y Pedrero, los tres tiritando... Y me preocupa el calor. En la segunda etapa de hace dos años sufrí alucinaciones por culpa de la deshidratación. Y no fueron solo alucinaciones visuales. Primero sufrí las acústicas. Oyes motos que no están, que no existen. Yo miraba para atrás porque escuchaba una moto que iba más rápido, giraba la cabeza y me apartaba para que me pasara, pero no veía la moto. Estaba sufriendo una alucinación y no me daba cuenta. He visto a pilotos desmayarse por el calor.

–Se juega la vida en la moto.

–Sí. Este año me caí de cabeza en el rally de Qatar, me hice año en la cadera y no perdí la consciencia pero no sabía donde estaba. Pasaron varios minutos en los que no hice nada. Esas caídas te hacen pensar y correr más tranquila en los siguientes días.

–¿Siente la responsabilidad de ser un espejo para otras mujeres?

–Siento esa responsabilidad, sí, e intento ser buen ejemplo. Mucha gente joven se fija en mí. Pero me centro en dar gas y quedar lo mejor posible.

–¿Lo que más molesta del raid?

–Madrugar a las dos y correr a las cuatro, con un frío que congela.