Luis Márquez:«Solozábal se tiró al río desde el puente de Triana por una apuesta»

Por  7:10 h.

—Mi mujer ha montado un despacho de abogados y le ayudo con algunas cosas; con la captación de clientes, cualquier cosa que pueda hacer… El despacho se llama R&R. Póngamelo, por favor.

—Claro, en contrapartida me cuenta usted algunos de sus recuerdos, ¿vale?
—¿Recuerdos de cuando jugaba?
—Sí
—¿Sabe lo que me ocurrió?
—Dígame.
—Perdí todos los recuerdos que tenía porque se me mojó el sótano. Estaba de mudanza y había guardado los recortes de periódicos, prácticamente todo lo que fui guardando; se rompió una tubería de la comunidad y se me mojó. Menos mal que siempre quedarán en la mente algunas historias…
—Pues vamos al lío.

Mi compañero era Menéndez; estaba en la cama, subió la sábana para taparse y se rompió el dedo gordo del pie»

—De lo que no me voy a olvidar nunca es de un día en el que casi me mato. Los viernes terminábamos los entrenamientos y jugábamos un rato al tenis con los pies y la cabeza. Pues había un punto que era clave y me fui corriendo con tan mala suerte que me caí al foso.
—Vaya forma para caer lesionado, ¿no?
—Pues peor fue la de Menéndez. ¿Se acuerda de él, uno que era de Asturias? Era mi compañero de habitación. Estaba en la cama, se subió la sábana para taparse y me dice: «Luis, llama al médico que me he partido el dedo gordo».
—¿De verdad?
—Totalmente. Si es que hay cosas que parecen que nunca pueden suceder y pasan. ¿Usted sabe lo que me hicieron una vez? Estábamos concentrados en el hotel y nos fuimos a comer. Estábamos cuatro, Merino, Cuéllar, Gordillo y yo. Pues nos ponen un bol de ensalada y escucho algunas risas del Gordo y Merino. Cuando me voy a servir noto algo muy duro, miro bien y era una dentadura postiza. ¡Casi me da algo! Luego supe que era de Merino II.
—¿Qué hizo?
—Qué voy a hacer… Me fui de esa mesa. Que cosa más asquerosa.
—¿Le devolvió la broma?
—Bueno, más o menos. Fue en Cazalla. Mientras Gabino y Gordillo estaban durmiendo se me ocurrió una cosa buena. Yo ya había visto una manguera, de esas grandes que hay para regar jardines, y pedí ayuda a algunos compañeros para meter la manguera por la ventana de la habitación de estos dos… Imagínese cómo se pusieron. Me acuerdo que les dijimos: «Hoy sí que vais a dormir fresquitos…».
—¿Se enfadaron?
—No, no. Si siempre estábamos de cachondeo. Unas veces les tocaba a unos; otros, a otros. Siempre estábamos igual. Y eso los días que no había apuestas.
—Cuénteme alguna.
—Esta es muy fuerte. Fuimos a tomarnos algo a la calle Betis, en un bar de esos de flamenquito. Salimos un ratito fuera y a Solozábal no se le ocurrió otra cosa que decirnos: «¿Qué os apostáis si me tiro desde el puente de Triana al río?». Imagínese la que se lió en un momento. Entre todos los jugadores yo creo que había más de cien mil pesetas (600 euros). Y no subió más la cantidad porque Solozábal paró.
—No se tiró entonces, ¿no?
—¿Que no? El tío salió corriendo, se fue al puente, se quitó los pantalones, luego la camisa y dio un salto increíble. Después fue nadando a la orilla. ¡Perdimos la apuesta! Y lo peor fue luego, claro, se vino arriba, y nos dijo: «¿Cuánto me dais si me tiro del puente del Centenario? Claro, ya nadie se creía nada y se pasó del tema. ¿Pero sabe una cosa? El asunto venía de una apuesta que habíamos perdido con Alfonso. Yo creo que a Solozábal le dio mucha rabia perder esa apuesta y se la tenía jurada.
—¿Cuál fue la apuesta de Alfonso?
—Los viernes, además de jugar al tenis, teníamos sesión de baño y masaje. Y aprovechábamos para meternos un rato en el jacuzzi. Estábamos ahí relajados y Alfonso nos dijo que él era capaz de meterse por un agujero en el que estaba colocado el motor y que podía meterse en el jacuzzi directamente. ¡Era una locura! Yo pensé que se mataba. Ahí no cabía nada. Y Alfonso metió primero la cabeza, luego los brazos, y se fue metiendo. ¡Impresionante! Ganó la apuesta. Lo gracioso fue que Alberto Tenorio nos dijo luego, por casualidad, que había visto a primera hora de la mañana a Alfonso haciendo unas cosas raras en el jacuzzi. ¡El tío estuvo entrenando! (Se ríe).
—¿Serra Ferrer se enteraba de vuestras peripecias?
—Sí, a él yo creo que le daba igual. Lo que quería era que rindiéramos en el campo. Y lo hacíamos. Fueron años muy buenos. Con él tengo una muy buena anécdota. Fue en Mallorca. Había un trofeo. Y por la mañana, como siempre hacía antes de los partidos, llamaba uno a uno a los futbolistas que iban a jugar. Te venía Montiel y te avisaba de que el míster te estaba esperando. Cuando ya estaba llegando vi a uno que salía de su habitación y le pregunto: «Oye, al final qué pasa, vamos a jugar con el carro del pescado, ¿no?». Me dijo que creía que sí, pero tampoco mucho más. Toco la puerta, entro y veo de pie a Serra y me dice: ««Buenos días, con que con el carro de pescado…». Yo no sabía ni qué responderle. Creo que le dije que qué significa eso del pescado. Pero él siguió con lo mismo. ¡Me había pescado!
Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Dr (Univ. Loyola Andalucía). A Balón Parado (SFC TV). Canario en Sevilla
@MiguelMarrufo y yo a ti, hermano - 4 horas ago