Pier Luigi Cherubino:”Algunas veces nos escondíamos en los árboles para no correr tanto”

Por  21:30 h.

-Nos fuimos de vacaciones a Tenerife y mis padres pensaron en quedarse para siempre. Nos volvimos a Roma, pero después sí se decidieron: "nos vamos a vivir a Tenerife". Yo tenía seis años. Empezamos a vivir en el Puerto de la Cruz. Recuerdo que mi padre, para que me ilusionara con la llegada a la isla, me regaló unas botas de fútbol con tacos de aluminio. Así empecé a ir al colegio. Por lo visto tenía a los profesores locos; claro, normal, iba de un lado para otro con las botas y arañaba todo el suelo.

-¡Benditas botas!

-(Se ríe). Pues sí, es verdad. ¡Quién iba a decir que luego iba a ser futbolista!

-¿Y si no lo hubiera sido?

-Pues no sé. ¡También hacía esgrima!

-¿Esgrima?

-Sí, es que mi padre era profesor en un club y yo iba con él de vez en cuando. Pero lo mío siempre fue el fútbol, ¿eh?

-¿Algún Cherubino que venga apuntando fuerte?

-No, que va. ¡Ojalá! Tengo dos niñas y no quieren saber nada del fútbol. Son mellizas, Andrea y Bárbara, tienen ya 15 años. ¡Ah! y nacieron en Sevilla.

-El mejor regalo que se pudo llevar de Sevilla, supongo…

-Claro, claro. Lo de Sevilla fue especial. Allí pasé unos años increíbles.

-Cuénteme algo increíble.

-Hay muchas historias. A ver que recuerde… ¡Hay una muy buena! Veníamos en el avión de ganar al Kaiserlautern. Nos hablaban de que aquello iba a ser un infierno y lo cierto es que el ambiente era impresionante. Pero ganamos. Pues al llegar al aeropuerto de Sevilla nos vino a coger la clásica guagua (autobús) que te lleva a la terminal. Lo vi claro nada más verla. Le dije al chófer que me dejara llevarla que yo sabía…

-¿Y qué pasó?

-Pues que me dejó. Y claro, la verdad es que yo no tenía ni idea. Al principio, en los primeros segundos, iba la cosa bien, pero luego tuve que frenar para coger una curvita. Sólo algunos jugadores sabían que era yo el que estaba conduciendo. Me veían por una rejilla. Y cuando frené casi mato a Serra Ferrer y Lopera. Casi salen volando. ¡Qué miedo!

-¡Uff! Me imagino la cara de Serra Ferrer.

-No quise ni mirar. Estaba conduciendo.

-Claro…

-Con Serra tengo otra. Yo acababa de llegar al Betis. Fue en el primer o segundo día de la pretemporada que hicimos en Holanda. Nos explicó que quería que durmiéramos al mediodía, que era importante para descansar. Y yo, con Sabas, Jaime, Alfonsito, Diezma, también creo que estaba Jaro, pues aprovechamos para irnos a jugar a las cartas, una partiditas de Pocha. No me quiero acordar de cuando oigo que alguien estaba tocando en la puerta. ¡ Era el míster! Se enfadó y nos dijo que cada uno se tenía que ir a su habitación a dormir. Y lo hice. Pero a los pocos minutos volvió a sonar mi puerta. ¿Sabe quién era?

-¿Quién?

-Serra de nuevo.

-¿Qué le dijo?

-"Conmigo no se equivoque!" Uff! Me asusté.

-No me extraña.

-También con Serra vivimos otra buena. Estábamos en el hotel de concentración y, para no esperar, nos metimos por lo menos diez en el ascensor. Recuerdo que estaban Roberto Ríos, Jaime, Cañas, Márquez, Alfonso, Alexis, yo… también había turistas y algún otro compañero que ahora no me acuerdo. Y claro. El ascensor se quedó parado y empezó a sonar la alarma. Empezamos a ponernos nerviosos y al rato se oyó una voz. Era el míster gritando: "¿Está Alfonso ahí? ¿Está Alfonso ahí?" ¡Era su niño!

-¿Con Lopera tiene alguna anécdota?

-En las charlas que nos daba yo lo pasaba fatal. Bueno, yo, y muchos compañeros. Teníamos que hacer un ejercicio de concentración para no reírnos. Yo pensaba en cosas malas y me sentaba en una esquina, lejos de los otros…

-¿Quiénes son los otros?

-No, bueno, el grupito nuestro. Nos lo pasábamos muy bien. Pero luego, en los partidos, éramos los primeros, ¿eh? Recuerdo que en los viajes llevábamos una peluca de Chiquito de la Calzada y me la ponía de vez en cuando. ¡Sabas, el tio, me animaba, y yo, claro, pues me ponía a hacer imitaciones!

-Gran personaje Sabas, ¿no?

-¿Sabe lo que me hizo una vez?

-Cuéntelo.

-Invité a varios compañeros a cenar a mi casa. Sabas era uno de ellos. Era en el centro de Sevilla, cerca de la calle San Fernando, y el tio no se le ocurre otra cosa que coger varias alfombras y candelabros de mi casa y bajó a la calle. Cuando lo veo no me lo podía creer. El Sabas se puso a vender mis cosas. Iba hablando con la gente que pasaba por la calle. ¡Uff! Tremendo. Era de cachondeo, claro. Sabas es un tio impresionante. Nos lo hemos pasado muy bien. El otro día lo estaba pensando…

-¿El qué?

-Que ahora con las nuevas metodologías de los preparadores físicos no hubiéramos podido hacer algunas de nuestras trampas. ¿Sabe lo que hacíamos de vez en cuando? En las pretemporadas esas que corríamos y corríamos aprovechábamos los árboles para parar y escondernos. Luego nos mojábamos la cara un poco y llegábamos a la meta como si estuviéramos sudados. Pero ojo, que lo hicimos sólo un par de veces, ¿eh?

«En los viajes llevábamos una peluca de Chiquito de la Calzada; me la ponía de vez en cuando»

-Vale, vale. ¿Qué tal con el capitán, Alexis?

-Yo siempre estaba picado con él. Bueno, en realidad, estábamos todo el día compitiendo. No conozco a un tio tan competitivo como Alexis. Quiere ganar a todo y contra quien sea. A ver, le cuento una historia buena. Me acuerdo que Alexis era el que más aguantaba debajo de la piscina sin respirar. Se pegaba una pasada de tiempo. Yo, la verdad, no sé cómo lo hacía. Pero un día se me ocurrió una cosa curiosa… Estaba metido en el jacuzzi y me di cuenta de que había agujeritos que soltaban aire. Llamé a Alexis y le dije: "Te apuesto lo que quieras a que te gano". El tío se vino arriba y se metió. Estuvo dos minutos, una pasada. Ya se creería que iba a ganar. Pero yo tenía mi truco… Me acuerdo que me metí e hice como que cogía mucho aire. Y me "enchufé" a los agujeritos. Cuando ya llevaba un minuto por lo menos Alexis empezó a hacer unas señas. A los tres empezó a hacer gestos más rápidos, le escuchaba decir como que me iba a ahogar. Yo lo veía y sacaba la mano y levantaba el pulgar para decirle que estaba todo ok. Había un montón de compañeros viéndomos. Ellos sí sabían cuál era mi truco. Al final, ya aburrido, salí del agua. ¡Nunca me olvidaré de la cara de Alexis! Al final le tuve que decir la verdad.

-Muy buena, sí, señor. ¿Se enfadó?

– No, no. Así estábamos todo el día. Él se descojonó de mí también con una cosa que le cuento. ¿Se acuerda cuando llegó Roberto Carlos al Madrid? Era un jugador ya muy respetado, muy conocido. Pues bien, nos tocó jugar contra el Madrid en el Villamarín y recuerdo que era muy pronto, en uno de los primeros partidos de la temporada. En una jugada fui a presionar a Roberto Carlos y lo empujé. ¿Pues sabe lo que pasó? Me miró y me dijo: "Eh, Pier, cuidadito". Me quedé flipando. En el descanso me fui todo crecido al vestuario. Vi a Alexis y se lo dije: "Loco, te diste cuenta? ¿Ves lo que es ser un jugador importante?". Alexis me miró y me dijo: "¿Qué estás diciendo?" Le expliqué que Roberto Carlos me había visto jugar, que me conocía, que me había llamado por mi nombre. Alexis se quedó callado y me soltó: "Mira que eres tonto. ¡Te ha llamado por tu nombre porque lo ha leído en tu camiseta!". ¡No me lo podía creer!(se ríe). Era la primera temporada que se ponían los nombres en las camisetas y se me había olvidado.

-Un lujo que no se haya olvidado usted de tantas buenas anécdotas. Muchas gracias.

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

@RarrochaR

Periodismo/Journalism (ABC) Profesor/Dr (Univ. Loyola Andalucía). A Balón Parado (SFC TV). Canario en Sevilla
@MiguelMarrufo y yo a ti, hermano - 1 hora ago