«Estaba pactado que controláramos el club, pero Rufino nos dejó solos»

Por  4:00 h.

Lleva desde 1999 en el consejo, cuando Manuel Ruiz de Lopera, tras ganarle un juicio a Rafael Carrión, ex presidente del Sevilla, le dijo que lo quería tener cerca. Pero Manolo Castaño, licenciado en Derecho, presume, ante todo, de ser bético. En 1992 compró 50 acciones y ahora dispone de casi cuatro mil. El jueves vivió uno de los peores capítulos que recuerda, como cuenta a ABC de Sevilla.

—¿Qué es lo que pasó en el consejo?

—Mire, se lo digo porque se están comentado muchas cosas que no son serias y es hora de que se sepa la verdad. Nosotros…

—¿A quién se refiere con nosotros?

—A Antonio Álvarez, José María Blanco, Rufino González, Jaime Rodríguez Sacristán y a mí. Viendo lo que estaba ocurriendo con el club, nos reunimos varias veces para intentar enderezar el rumbo. La última reunión, de hecho, fue una hora antes del consejo. También hablamos el martes y acordamos prácticamente todo.

—¿A qué se refiere?

—Queríamos dar un cambio de timón, intentando que yo fuese presidente y controlar así el club desde el consejo de administración. La intención es que el presidente estuviera en una comisión deportiva con Luis Oliver para que no fuese sólo uno el que negociara. Que el Betis fuera de los béticos, que pudiéramos controlar el club. Así de fácil. Habíamos pensado en meter a nuevos miembros en el consejo, gente de la calle que pudieran ayudarnos a hacer lo que todos queremos, un Betis grande.

—¿Y José León?

—Creo que conocía el tema perfectamente. Se iban a estudiar cambios de cargos en el consejo.

—Pero antes se fue Rufino, ¿no?

—Sí. Se marchó y ya todo cambió. Luego, no se sabía si José María Blanco iba a presentar la dimisión o no… Ahí empezamos a perder. Pero vamos, para mí Rufino se equivocó porque nos dejó solos.

—¿Por qué se fue?

—Rufino es bético, ahí yo no digo nada, es un gran bético, pero llegó un momento durante el consejo que se enfadó porque no estaba de acuerdo con la forma de hacer los fichajes. Quería que el consejo entero negociase los fichajes. ¡Pero si eso no se hace en ningún club del mundo! Otra cosa es que el consejo lo apruebe o no, pero lo que no podemos entrar es a negociar cada refuerzo. Y se marchó. Y que yo recuerde, Rufino no se ha levantado en 18 años de ningún consejo…

—Uno que ha dimitido es José María Blanco. ¿Lo sabía?

—Sabía de sus intenciones, pero no sabía que era oficial.

—¿Y usted?

—Para mí sería muy fácil. Adiós y ya está. A mí me han ofrecido mucho dinero por mis acciones, incluso el grupo de Luis Oliver, pero para mí el Betis es un sentimiento. Yo con esto no juego. Las acciones serán para mis hijos. No entra en mi cabeza dimitir; la Liga empieza en 28 días y, aunque tengamos muchos problemas, no se puede pensar en otra cosa que ascender a Primera. Hay, repito, problemas, pero la entidad tiene que transformarse en una empresa del siglo XXI, con estructuras modernas.

—Luis Oliver.

—Es evidente que tras el consejo ha salido más reforzado. La Junta de Accionistas no se celebrará, aunque sobre eso debo decirle que la decisión no fue por unanimidad. Hubo dos personas que votamos lo contrario.

—¿Por qué fue Luis Oliver elegido consejero?

—Si una persona compra el paquete mayoritario…, por coherencia hay que ofrecerle que entre al consejo.

—Otro nombre propio, y éste con mucha importancia tras la decisión de la juez: Rafael Gordillo.

—Es un bético excepcional. Es un mito, ojalá estuviera desde hace tiempo en el Betis. Yo lo he llamado un montón de veces.

—¿Y qué le dijo?

—Que hasta que no se fuera Lopera no quería saber nada. Pero pregúntele si yo lo he llamado para que entrara en la entidad, ya fuera en temas de cantera o para otras actividades.

—Por cierto, en la cantera los equipos han estado mejor que el primero, ¿verdad?

—Hemos tenido un año muy bueno. Me cuesta el dinero cuidarla, pero no me importa, siempre que sea por mi Betis.