Los jugadores del Betis celebran uno de los goles ante el Eibar
Los jugadores del Betis celebran uno de los goles ante el Eibar

Betis-Eibar: La bonita sensación de acostumbrarse a ganar

El Betis, sin brillantez pero con mucha solvencia, logró ante el Eibar su cuarta victoria consecutiva para ser quinto hasta que el Villarreal juegue mañana

Por  10:00 h.

El bético sonríe. Y lo que es más importante, no es algo circunstancial. Ya era hora. El aficionado, por fin, ve cómo los suyos son fiables, cómo no le pierden la cara a los partidos, cómo no bajan los brazos. Todo lo contrario. Ahora todo es positivo. Las victorias se suceden, no encaja goles, tiene hasta suerte. El Betis es otro. De eso ya no hay ningún tipo de dudas, y sólo falta que esta dinámica dure hasta el final de la temporada. Seguir ganando semana tras semana se antoja complicado, pero lo cierto es que los verdiblancos desprenden muy buenas sensaciones. Aunque jueguen mal, como ante el Getafe. O a pesar de no estar brillantes, como ayer ante el Eibar. Los de Setién, quien ha dado con la tecla de forma definitiva, se han acostumbrado a ganar. Con lo importante que es eso. Y ello le da para empezar a mirar a sus rivales desde arriba. Con respeto, pero con la ambición de pelear, por qué no, por la quinta plaza. Por lo pronto, en ella ha dormido ya y lo volverá a hacer hoy, a la espera de que mañana el Villarreal juegue su partido contra el Athletic de Bilbao. Y es que los tres puntos sumados contra el cuadro vasco sirven para muchas cosas. La fundamental, para tener ya 49 en el casillero. Pero es que, como ocurriera el lunes contra el Getafe, el triunfo fue ante un rival directo, el cual ya se queda a nueve puntos. Y hay más, porque el Sevilla perdió contra el Celta de Vigo y se queda a tres, de modo que, ahora mismo, las miradas de los de Heliópolis se centran en el Villarreal, a la espera también de lo que haga hoy el Gerona, que será su próximo rival. Es decir, todo está de cara, aunque falta rematar la faena. Y por eso en el Betis nadie está lanzando las campanas al vuelo. Lógicamente hay alegría, euforia, pero Setién se encarga de que todos tengan los pies en el suelo. Quedan siete finales por delante y sería una pena que, por cualquier despiste, se escapara la oportunidad de volver a jugar en Europa, de recuperar el sitio que nunca debería haber perdido este club que es capaz de meter a más de 50.000 aficionados en su campo ante el Eibar. Eso sí, la sonrisa se ha instalado en la cara de los béticos.

El objetivo ahora es mantenerla. Y ayer el Betis dio un paso más para ello. Recibía en casa a uno de los equipos que también quiere viajar por el Viejo Çontinente la próxima campaña y, aunque al principio sufrieron un poco los de Heliópolis, lo cierto es que el triunfo llegó con bastante solvencia. Los vascos salieron fuertes, con la intención de quitarle la pelota al cuadro local. Y lo lograron. Los verdiblancos, por tanto, estuvieron incómodos en el inicio aunque, con el paso de los minutos, la película fue cambiando. Y tanto. Sobre todo cuando, pasado el minuto 20, Sergio León abrió el marcador. La jugada de Barragán, control orientado para empezar, fue perfecta por la derecha, sirviendo al delantero, quien definió con mucha clase. Exterior y 1-0. La grada explotaba de alegría al ver que los suyos volvían a encarrilar una victoria. Y luego llegó la maduración. El Betis no estuvo brillante, pero sí fue muy solvente. No jugó bien, pero sí lo hizo de forma práctica. Tanto que, al final, hasta perdió el global de la posesión, pero lo importante era hacer un segundo gol y no sufrir atrás. Lo segundo estuvo controlado en todo momento. Dani Giménez, que aparecía como titular tras la operación de Adán, estuvo muy seguro, pero apenas tuvo trabajo. Le ayudó toda la defensa, con un Bartra que pareció jugar con imán. El central, que hasta se atrevió con una chilena al más puro estilo Cristiano Ronaldo, cortó todos los balones de su zona.

El Betis tenía controlado el partido, pero le faltaba el 2-0 para evitar sustos. Y llegó. Hubo que esperar a la segunda mitad, pero sólo tuvieron que pasar cinco minutos. El tiempo para que otra vez Barragán pusiera la directa por la banda derecha, centrara hacia atrás y Arbilla despejara hasta el interior de su portería. La cuarta victoria consecutiva ya estaba encarrilada y sólo faltaba que fueran pasando los minutos sin que hubiera sobresaltos en la zona de atrás. Y así fue. Los verdiblancos dominaron en todo momento el encuentro, por más que la pelota se repartiera entre los dos equipos y que el Eibar intentara buscar la reacción. Esta no llegó. Es más, fueron los locales los que pudieron redondear la tarde, pero Rubén Castro no estuvo fino a la hora de poner la guinda. Quique Setién ya había movido el banquillo y lo último que hizo fue, con poco más de diez minutos por delante, darle entrada al delantero canario para que pudiera seguir dando pasos hacia el récord. Y casi lo logra. Porque, a los treinta segundos de estar sobre el césped, tuvo un mano a mano para hacer el 3-0. E instantes después, otra ocasión más, pero Rubén no acertó y habrá que esperar para que la fiesta sea total. Por lo pronto los béticos se han acostumbrado a ganar. Y a mirar hacia arriba. Ya les tocaba disfrutar.

Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes de ABC de Sevilla
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