«¿El año del Betis? Pensemos mejor en el Granada…»

Por  0:39 h.

Se le llena la boca cuando nombra a sus compañeros de posición. Goitia sabe, desde su estatus de titular, que lo están pasando mal, que el portero es un rara avis en el fútbol, que sufre soledad cuando todos atacan y miradas de responsabilidad cuando defienden. Por eso alaba a Ricardo y a Casto, destaca su «enorme» trabajo y espera que el club le busque «lo mejor para el futuro. Yo me he visto así y es algo casi insoportable», declaró a ABC de Sevilla.

—Pero tener a cuatro porteros es algo raro en el vestuario…

—Y en algunos se crearían conflicto. Aquí, no. Sabemos cómo están trabajando Ricardo y Casto, que se esfuerzan a diario a pesar de todo. Es de alabar. Ojalá encuentren destino y tengan suerte.

—¿Se ha visto alguna vez en esa situación?

—Sí. Y es casi insoportable. Sobre todo cuando pasas una temporada sin un minuto. Sabes que tienes que seguir esforzándote, que los compañeros lo merecen. Eso sí, cuando vuelves a jugar lo valoras mucho más…

—Por suerte para usted, Mel le sigue demostrando su confianza.

—Hasta el momento, sí. Luego, ya se verá. La temporada es muy larga y debe jugar el que mejor esté. Tenemos que demostrarla en el campo, ser frío, constante e intentar aportar lo máximo.

—¿Qué tal lleva su segundo verano como bético?

—Pues sorprendido por tanto movimiento extradeportivo. Ahora parece que se comienza a centrar todo, al menos en lo deportivo…

—¿Está el vestuario afectado?

—Para nada. Seguimos con buen ambiente, con ganas e intentando facilitar la llegada de los nuevos. Vamos a necesitar todas las piezas para subir.

—Belenguer comentó que, a pesar del buen rollo, había algunos vicios adquiridos, que el vestuario no era tan sincero como debía.

—No lo veo así del todo. Sí creo, y quizá es lo que pasa, que quizá se le dé importancia a cosas insignificantes. Un grupo es una familia, donde hay que respetar a cada uno pero luego ir de la mano.

—¿Entiende el grupo que se facilite la salida a algunos futbolistas?

—Hombre, se entiende porque, como compañeros, se quiere lo mejor para cada uno. El problema es que aún parece que no está cerrado el grupo y queda una semana…

—Como pasa con Emana…

—Claro. Todos lo conocemos y sabemos que es un futbolista muy importante por su calidad, pero también por qué está habiendo salidas. Si lo mejor es que se quede o que se vaya no lo vamos a saber hasta que termine la temporada.

—¿Era necesario renovar el grupo?

—Pues no tanto. La ilusión y la implicación de los que vienen es, como mínimo, igual que las de los que se fueron. Como las ganas por subir…

—Por cierto, ¿cómo ve a los refuerzos?

—Pues la verdad es que han llegado buenos futbolistas. Importantes. Y además con un nivel humano bastante alto. Y eso es vital.

—Hábleme de Mel. ¿Muchas diferencias con Víctor y Tapia?

—Cada uno tiene su modo de trabajar, eso está claro. Es complicado hacer comparaciones… Es muy trabajador, con las ideas muy claras y tiene muchas ganas. Tres cosas importantes, ¿no?

—En Tapia parecía clave el equilibrio; el Víctor, el toque. ¿En Mel?

—El control, que el equipo sea el dominador. Nos dice que en Segunda hay que tener las ideas claras, que no es igual jugar con uno que te deja que con otro más duro.

—¿Debe ser el año del Betis?

—No quiero ni pensar en eso. Ni hablar del futuro porque ya nos pasó el año pasado. Hablábamos de disfrutar y fue al contrario. Tenemos que pensar en el presente, en el día a día.

—¿Sabe ya qué le pasó al equipo?

—Creo que nos pesó la irregularidad. Sabíamos el potencial que teníamos, pero fuimos irregulares durante muchas fases de la temporada.

—¿Se ha recuperado del palo?

—(Risas). Casi, casi. Para eso ha estado el verano. Ahora en serio. De verdad que no ha sido nada fácil. Teníamos que quitarnos toda la ansiedad y la tensión con la que acabamos. Liberarte y empezar con la mente limpia la temporada creo que es fundamental. El año va a ser larguísimo. No subimos por un maldito gol. Y tenemos que saber que cada tanto vale como el oro. Se ha demostrado.

—¿Hablamos del Hércules?

—Pues casi que no, pero bueno, han subido deportivamente y ahí están los datos. Si luego ha habido algo raro extradeportivo debe aclararse. Pero, ¿sabe una cosa?

—Dígame.

—Que nada de esto habría sucedido si hubiésemos marcado un gol más. Si hubiésemos sido cuartos, nada sería igual… Nos debemos quedar con eso, que en el campo se logran las cosas.

—Lleva dos años aquí. Apostó fuerte y sigue de titular. ¿Le sigue sorprendiendo algo?

—Pues no. Sabía adónde venía y, aunque el Betis no había bajado aún, lo hacía con todas las de la ley. Sigo orgulloso, como el primer día, de haber fichado por un club como éste. Y no me echa para atrás nada. Ni me desilusiona el hecho de volver a estar en Segunda.

—Vamos, que sólo cambiaría el haber subido la temporada pasada y que en su ficha de jugador donde pone Segunda pusiese Primera.

—Pero eso es algo que tenemos que lograr sobre el campo y por méritos propios. Ojalá fuera tan fácil como decirlo y desearlo, ¿no?