Optimismo forzado contra la cruda realidad

Por  9:23 h.
La esperanza es lo último que se pierde pero este dicho va camino de ser lo único fiable en la desnortada singladura bética en su intento por recuperar la categoría que nunca debió perder. Los mensajes desde la sala de máquinas del equipo intentan mantener cierto optimismo, fundamentado principalmente en que la Segunda división está regalando vida a todos aquellos que están desperdiciando, semana tras semana, la oportunidad de engancharse al ascenso, como ocurre con el Betis. Si el empate ante el Albacete fue descorazonador, la jornada que se cerró ayer dejó las cosas como estaban antes pero con una jornada menos, según se puede leer en ABC de Sevilla.
Tropezaron los nueve primeros y el Betis hasta le recorta puntos a varios teóricos rivales directos (Real Sociedad y Numancia). Sirve de mecanismo de autoestima este planteamiento, pero los datos negativos vuelven a situar en la realidad al bloque verdiblanco ante un partido, el de este domingo en Cartagena, que aparecía antes como preñado de ilusión para meterse en la lucha por el objetivo final y que ahora tiene más elementos temibles que otra cosa porque puede convertirse en el certificado de defunción de las aspiraciones béticas: de trece partidos fuera de casa sólo ha ganado en tres, lleva la famélica cifra de dos goles lejos de Heliópolis desde el 8 de noviembre, nada más que conoce la derrota en sus cinco partidos en el Levante español (una curiosidad sin fundamento futbolístico pero sí geográfico), de los ocho primeros sólo ha conseguido ganarle al Villarreal B (el único que no es rival para el ascenso)…
Ocurre que si la semana pasada, tras el empate ante el Recreativo, las intervenciones públicas de los protagonistas béticos estaban marcadas por la línea de seguir viendo el vaso medio lleno, la permanencia de esta corriente una vez degustado el amargor del punto ante el Albacete hace que su planteamiento sea simplemente forzado. Demasiadas palabras y poca aplicación práctica cuando los puntos están verdaderamente en juego. También hay que resaltar el factor tensión, algo recurrente en el Betis este año pero síntoma evidente que no se tienen las cosas claras y que las prisas, malas compañeras de viaje, están acuciando a un equipo que jugó la última media hora ante el Albacete como si fuera el tiempo de descuento.
En la trinchera del optimismo, cada vez con más desertores, se defiende que restan 51 puntos en juego, que el ejemplo a seguir se encuentra en el Betis de Serra que ascendió en la 94-95, que a pesar de todo lo que ha sucedido esta temporada hay cierta vida para pensar en el ascenso (por ejemplo, si hubiera ganado al Albacete…) y que algún día la suerte tendrá que cambiar. También se espera un resultado que sea capaz de variar dinámicas y por ahí el clavo ardiente al que asirse resulta ser el duelo de este domingo.
El pesimismo, de moda hoy por motivaciones más lógicas que las anteriormente expuestas, recalca conceptos como la fractura social, los varios defectos futbolísticos de la plantilla (falta de gol, carácter, competitividad, errores infantiles), los precedentes y los incuestionables datos objetivos: a ocho puntos del tercero y sin ofrecer sensaciones balompédicasque den pie a la esperanza que sigue sin querer perderse desde la cocina heliopolitana.
Y para los dos segmentos de opinión es clave el partido de Cartagena. Sin embargo, de la ilusión que podía generar este choque en los días que emparedaron el partido frente al Hércules porque se consideraba que iba a ser la jornada señalada para dar el zarpazo a la zona soñada, se ha pasado a un estado de angustia y velado temor por las funestas consecuencias que depararía no ganar en el Cartagonova: el tramo final de la temporada puede ser eterno con casi todo decidido en el camino del fracaso deportivo e insoportable para los que aún están en el barco bético.
Desde Gerona (octubre) el Betis sólo ha ganado en Córdoba y antes de Montilivi, sólo en Albacete, hace justo una vuelta. En el Levante sólo ha perdido (Alicante, Castellón, Elche, Murcia y Valencia) y la falta de gol no se ha solucionado por la impericia de la dirección deportiva y la falta de voluntad de inversión de Lopera. No marcan al menos dos goles en un partido los béticos desde el 13 de diciembre. Y aún quedar resquicio para la ilusión, quizás forzada y seguro alimentada más por la necesidad que por la confianza, que se trata de vender en el club desde que se conoció que no eran tres los puntos que se sumaban tras medirse al Albacete. Ganar en Cartagena no solucionaría nada pero sí mantendría con vida las esperanzas béticas, algo simple pero con lo que ya algunos se conforman.