Cambio sin revolución, el mérito de Víctor

Por  3:30 h.

Betis: Víctor observa junto a Oli el partidillo de ayer ante el filialDespués de varios meses de desasosiego, la afición del Betis vive ilusionada un tramo trascendental de la Liga porque es el que desemboca en esa recta final decisiva a la que, dicen los expertos, hay que llegar en disposición de pelear para dar el golpe definitivo. Ha reaccionado el equipo bético y lo ha hecho de la mano de Víctor Fernández, que llegó para relevar a Antonio Tapia como responsable del plantel justo a la finalización de la primera vuelta del Campeonato para iniciar la segunda y vivir permanentemente con la comparación que en cada jornada se hará con la trayectoria marcada al son de las órdenes de Tapia.

No obstante, la reacción del Betis no se cuantifica en puntos, ya que en los seis primeros partidos ha sumado el equipo uno más en esta segunda vuelta que en la primera y la diferencia ni es espectacular ni probablemente suficiente, pues de mantenerse en cada ciclo de seis partidos aumentaría el rendimiento final en 3,5 puntos (cifra imposible, eso sí), y a la finalización de la primera mitad de la competición el conjunto albiverde, con 30 puntos, viajaba en la tabla a cuatro del tercer clasificado, que ya era el Cartagena. La reacción de la escuadra blanquiverde se apoya en la mejoría que ha experimentado el fútbol que realiza y también en un cambio de mentalidad que ha propiciado los dos últimos resultados favorables, el primero en el propio feudo del adversario más directo que en el momento pudiera tener y el segundo en casa pero igualmente importante, pues ya se sabe que pinchar en lo más fácil después de haber hecho lo más difícil es casi una norma en el comportamiento bético y se temía que el equipo no aprovechara el domingo, ante el Rayo y en un ambiente favorable, la excelente oportunidad de recuperar su papel protagonista en la película del ascenso de esta temporada. Sí lo hizo y demostró la fortaleza mental que antes faltaba y por la cual, sin duda, el Betis merece hoy un margen de confianza mayor que el que ya se le deba conceder por haberse colocado a sólo tres puntos del tercer y último vagón del tranvía que viajará en junio a la Primera división.

Con el Real Betis Balompié hay que guardar siempre una cautela máxima. Nunca se sabe cuándo se vendrá arriba ni cuándo se tirará al callejón. Pensar ahora que ya está alineado en el sendero del ascenso sería ignorar completamente una idiosincrasia única a la que en estas condiciones hay que temer. No obstante hay que reconocer que la cosa pinta mejor hoy que hace unas semanas, que esa reacción de la que se ha hablado (resultados, fútbol y mentalidad) es real y que con la llegada de Víctor, aunque no de forma inmediata, se ha atajado una crisis total que había tirado al Betis en caída libre por el barranco pedregoso de la Segunda división. O Liga Adelante.

El cambio tranquilo
Lo mejor de todo es que el técnico aragonés no ha recurrido a las decisiones drásticas ni ha apelado a la épica ni ha roto bruscamente con el pasado. Parece haber apostado por un cambio tranquilo, sin revolución, y no ha tocado teclas que en muchas ocasiones son las que más llaman y luego más desafinan. Víctor le ha dado continuidad a Goitia en la portería, algo que puede parecer lógico, pero es fácil que un nuevo técnico recurra a un cambio de este orden cuando quien está en la recámara es un portero internacional como Ricardo Martins, y más de un pepitogrillo le susurró al oído al técnico maño que el Betis no se podía permitir el lujo de tener al luso calentando banquillo en uno de cada dos partidos.

A partir de ahí ha construido su columna vertebral. Hubo quien avanzó que Fernández acabaría con los «hombres de Tapia», pero ha seguido contando prácticamente con todos, aunque con unos más que con otros. Ha desaparecido por el momento Sunny, pero es que no se ganó otra cosa cuando jugó, y parece que la inconstancia le ha costado cara a Caffa, que también ha perdido el protagonismo. Iriney ya no es titular indiscutible, aunque sí el jugador número doce, y Carlos García ha aprovechado la ausencia de Rivas para reivindicarse mejorando en esta etapa su rendimiento anterior, y por el que el espigado canterano nazareno parecía haberle ganado la vez. Luego está el cambio de Nacho, que por lesión de Fernando Vega tuvo que retrasar su posición y ahí, en el lateral, se ha encontrado más cómodo, hasta el punto de que ahora lo tiene difícil el arahalense para recuperar el sitio que dejó. La incorporación de Jonathan Pereira ha sido muy importante, ya que con el pequeño delantero gallego ha bastado para darle otro aire al equipo —con el apoyo intermitente de Emana— por permitir la posibilidad de colocar a Sergio como referencia del ataque, hecho éste relevante como lo es la desaparición del once de un Pavone en racha negativa y que empeoraba al conjunto.

Finalmente ha adelantado Víctor la posición de Arzu —tenerlo de central era un desperdicio— y a éste lo mejora la vuelta de un Mehmet con el que no tuvo la fortuna de contar Tapia y que sin estar al tope físicamente es un jugador superior en la categoría. Con todo, queda mucho y lo hecho hay que refrendarlo, pero ahora se ve más claro.