El lado positivo del recambio

Por  3:30 h.

Betis: Víctor Fernández dirige una de sus primeras sesiones de entrenamientoCada vez que, por hache o por be, un club tiene que prescindir de un técnico, los cimientos de la entidad comienzan a quebrarse. Cualquier cambio siempre tiene momentos de inseguridad… excepto en el Betis. Los reemplazos en el banquillo con el club en Segunda suelen arrojar efectos positivos. Es el único lado favorable que puede tener rectificar, que siempre se dijo que era virtud de los sabios.

De hecho, cinco de los diez ascensos que el Betis ha logrado en sus 24 temporadas en Segunda vinieron precedidos de una crisis en el banquillo heliopolitano. Es más, los cuatro últimos (2000-01, 93-94, 89-90 y 78-79) tuvieron más de un inquilino en la zona técnica albiverde.

En la última campaña en la división de plata, Fernando Vázquez comenzó la temporada, pero los malos resultados y una derrota por 0-2 ante el Tenerife en casa dejaron al gallego en el paro. El tándem Luis Del Sol-Paco Chaparro culminaría, no sin esfuerzo, el ascenso. En la 93-94, Ruiz de Lopera tampoco tuvo paciencia con el entrenador, Sergio Kresic, que tenía al equipo cerca del ascenso cuando Lorenzo Serra Ferrer se hizo cargo del mismo, subiendo finalmente en Burgos. Lo cierto es que al consejero delegado bético nunca le ha temblado el pulso en Segunda para cambiar de técnico. Siempre ha destituido a uno y en la 92-93 despidió a D’Alessandro tras perder ante el Palamós y le cedió el banquillo bético a José Ramón Esnaola, que tampoco logró ascender al equipo.
Como Del Sol y Serra, Cardeñosa subió al Betis en la 89-90 tras coger el testigo de Juan Corbacho, cesado en abril de 1990. En la 78-79 fue León Lasa —destituido al comienzo de la siguiente temporada— quien logró el ascenso tras el cese de García Traid, despedido a pesar de que mantenía al equipo en la zona alta. El primer ascenso «compartido» se produjo en la 66-67, cuando Antonio Barrios, todo un especialista en esas lides, sustituyó en enero del 67 en el banquillo verdiblanco a Luis Belló, que dimitó provocando un tremendo malestar en la directiva. Al final, el cambio fue para bien.

Barrios, el especialista
Antonio Barrios se convirtió en todo un especialista en subir al Betis a Primera. Lo logró en la 57-58, arregló el desaguisado de Luis Belló —al que realmente le sucedió un interino, Luis Valera, antes del regreso de Barrios— en el 67 y volvió a ascender, en solitario, en la 70-71. Como él, otros tres entrenadores lograron subir al Betis sin la «ayuda» de otro colega: Emilio Sempere —héreo del primer ascenso bético en el 32—, O’Connell (técnico que ya había ganado el título liguero) en el 1942 y el húngaro Ferenc Szusza, en el 73.

Por el contrario, en Segunda también existieron duplas de técnicos que no lograron ascender. En concreto, hasta siete, llegando una de ellas a descender a Tercera al club en la 46-47, formada por O’Connell y por Peral. En la temporada anterior, Aranda —que en el 45 sustituyó a mitad de temporada a Solé— fue reemplazado por el propio técnico irlandés.

En la 56-57, Valera comenzó la temporada, pero fue sustituido por Iturraspe. En la 69, Barrios intentó de nuevo ascender tras el mal trabajo que hizo Miguel González. La temporada anterior (68-69) pasaron por el banquillo bético hasta tres técnicos: Barinaga, Daucik y Tejera.

Los últimos cambios sin éxito fueron en la 91-92 (Felipe Mesones reemplazó a Jarabinsky) y el citado de Esnaola por D’Alessandro al año siguiente. Excepciones de una regla que el Betis espera cumplir una vez más.