Adolfo Cuéllar, en una junta de accionistas del Betis (Foto: J. M. Serrano)
Adolfo Cuéllar, en una junta de accionistas del Betis (Foto: J. M. Serrano)

A los Cuéllar, una estirpe de béticos de ley

Sé quiénes han luchado de verdad para que el Betis sea libre y de los béticos dejándose el sueño, el alma y su dinero en ello
Por  14:01 h.

Adolfo Cuéllar Contreras fue un señor de los que Rafael Montesinos se cruzaba en la acera izquierda de la Avenida, un caballero que edificó todos sus principios a partir de un pilar innegociable, el honor. Después de haber promovido como abogado laboralista la defensa a ultranza de los derechos de los trabajadores, decidió probar la aventura política en el Ayuntamiento de Sevilla como independiente en las filas comunistas. Y arraigado en las enseñanzas de su padre, otro abogado que había sido decano de los sevillanos y que en los años 30 gobernó de manera provisional el Real Betis Balompié, Adolfo quedó en la memoria de Sevilla, y también en su callejero, por haber sido siempre un ejemplo de rectitud y por haber defendido sin odios de ninguna clase sus convicciones personales.

En estos últimos años todo ha decaído mucho, sobre todo en el terreno de los valores, y resulta incluso emocionante traer de la memoria a personajes de esta talla. Porque sus hijos están siendo objeto de una persecución muy interesada en el seno del Betis en la que están participando, como tontos útiles, muchos agitadores de medio pelo que ni siquiera saben de qué personas están hablando. Adolfo y Miguel Cuéllar Portero, hijos de Cuéllar Contreras, tuvieron la valentía, junto con otros béticos históricos como Hugo Galera, de denunciar las gestiones de Manuel Ruiz de Lopera en Heliópolis cuando todos largaban en los bares, pero nadie iba a los tribunales. Esos dos letrados, con los que discrepo en muchas cosas, dieron ese paso tan doloroso, en el que quedaba por medio el equipo de sus amores, porque recibieron tal enseñanza de sus ancestros. Rectitud, verdad, honor y tolerancia con las ideas de los demás.

La historia no se escribe en los periódicos de hoy, sino en los libros de mañana. Por eso las acusaciones de gobiernos a la sombra que se le atribuyen a los Cuéllar no han de ser tenidas en cuenta más que como alaridos de un sector que trata de lograr exactamente lo que atribuyen a los demás: influir en la directiva bética. Yo no conozco ningún entresijo de estos ajustes de cuentas por cuatro migajas que se traen algunos entre manos. Pero sí sé quiénes han luchado de verdad para que el Betis sea libre y de los béticos dejándose el sueño, el alma y su dinero en ello. A los Cuéllar, por cierto, su padre les obligó a no renovar el abono del Betis durante los años en los que él fue presidente de la Federación Andaluza de Fútbol para que no hubiera suspicacias sobre posibles beneficios en su gestión al equipo de su familia. Adolfo Cuéllar Contreras fue uno de los pocos políticos que ha tenido esta ciudad que practicó el famoso lema que dice que no sólo hay que serlo, sino también hay que parecerlo. Si sus hijos han traicionado esa escuela, que lo demuestren quienes acusan. Pero si no es así, que se callen. Porque si el Betis sobrevive a todos los maledicentes, truhanes y pedigüeños que ha tenido a su alrededor a lo largo de su historia es precisamente gracias a gente como los adolfos, a los que, por cierto, no me une la menor amistad.

Ojalá alguno de los que ahora arremeten contra béticos que no son de su cuerda sin pruebas tengan que bajarse algún día del taxi en la calle Adolfo Cuéllar. Allí, a la vera de la plaza de Molviedro, serán despojados de sus sinrazones mientras el Betis, ése al que dicen defender, se cura de tantos latigazos.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla