Ángel Haro, Gustavo Poyet y Miguel Torrecilla
Ángel Haro, Gustavo Poyet y Miguel Torrecilla

Betis: ¿a quién hay que echar?

"Y otra vez vamos a ver una riada de fichajes, una renovación integral que obliga a devorar el proyecto que se puso en marcha el año pasado"
Por  11:56 h.

El Betis lleva demasiados años siendo lo que los griegos llamaban un uróboro. Una criatura serpentiforme que se engulle a sí misma devorando su propia cola con su boca. Este símbolo de los alquimistas se utilizaba para representar los esfuerzos inútiles, ya que la serpiente saciaba su hambre destruyéndose, paliaba un déficit con un exterminio, intentaba crecer consumiendo su propia sustancia. El Betis zigzaguea como puede durante toda la temporada y, cuando llega el mes de mayo, siempre se muerde la cola. Destruye todo lo que acababa de construir para empezar de nuevo un proyecto estoico en el sentido histórico de la palabra. Los estoicistas fundaron la corriente filosófica del “eterno retorno”, la permanente vuelta al punto de partida, como freno de la Humanidad. Por eso el Betis es el equipo que mejor se adapta a los principios del estoicismo, definido por la Real Academia como una “concepción ética según la cual el bien no está en los objetos externos, sino en la sabiduría y dominio del alma, que permite liberarse de las pasiones y deseos que perturban la vida”. El Betis es un animal autófago que no logra salir nunca de su bucle porque está empeñado en retornar siempre al lugar en el que lo material no tienen ningún valor.

Haro y Catalán están ahora esbozando el boceto de lo que será el nuevo equipo. Y otra vez vamos a ver una riada de fichajes, una renovación integral que obliga a devorar el proyecto que se puso en marcha el año pasado, que a su vez nació de la destrucción del anterior y así sucesivamente. Cada verano, los béticos estoicos volvemos a esperanzarnos con un nuevo modelo que supuestamente nos sacará de las penurias vividas. Tenemos una fe abismal que llena de ilusión nuestras alforjas. Pero no tenemos nunca el sosiego de la solidez, la paz que dan las cosas bien hechas a largo plazo. La contratación de Torrecilla y Poyet antes de la finalización de la actual temporada supone, al menos, un impulso hasta ahora insólito en Heliópolis. Esta vez la autofagia ha comenzado con tiempo, por lo que la improvisación tendrá, en teoría, menos presencia. La boca ya ha mordido la cola. El uróboro está tragándose a sí mismo. Ojalá que por última vez. Haro y Catalán son profundamente béticos y, además, muy serios empresarios. Saben que alimentarse de uno mismo es una trampa con fecha de caducidad. Así que no les queda otra que acertar y apostar a caballo ganador. O el Betis ficha este año a dos o tres jugadores de prestigio acreditado, o el uróboro tragará tanto que acabará engullendo a gran parte de la afición. La afición del Betis es sagrada y abnegada, pero mantener 40.000 socios después de tantos errores no es gratis. O se le da bien de comer a la serpiente, o se comerá su propia cabeza. Hay que echar al uróboro, cueste lo que cueste su ficha, incluso con más urgencia que a Van der Vaart.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla