Joaquín se desespera ante la celebración del gol de Marcelo en el Villamarín
Joaquín se desespera ante la celebración del gol de Marcelo en el Villamarín

Betis: Ni un escarnio más

"Por favor, parad esto. Que aguantaremos cuantos martillazos vengan, pero no nos cabe ni un sonrojo más"
Por  9:24 h.

El bético es un yunque que aguanta martillazos de todas las hechuras, pero que no tolera ni una sola agresión a su dignidad. Y ya van demasiadas. Llevamos años de anchas tragaderas en el campo mientras detrás de los cristales sigue el sainete de las negociaciones, los pleitos, las acciones, las juntas generales y demás cacharrería política. Hay algunos vividores repartiendo carnés de beticismo en función de sus intereses propios, utilizando la institución, la historia de lo más sevillano que hay en Sevilla, para medrar social o económicamente mientras en el campo se suceden los escarnios temporada tras temporada. Nos mete seis el Madrid en nuestro estadio y por los escaparates de la vanidad sigue paseándose el nombre de Luis Oliver, un dandi de los negocios turbios que firmó en su día con Lopera, otra vez Lopera, qué pesadilla de Lopera, la bicoca más grande de su vida. Continúan apareciendo por los ventanales viejos nombres que no han sabido dar el paso atrás. Béticos verdaderos, sin duda, que se han olvidado de querer al Betis cuando el Betis no los ha querido a ellos. Hablo de Castaño, de Hugo Galera, de los sempiternos gestores de esta gran miseria que ya nos revuelve las tripas.

Después de una de las etapas más convulsas de nuestra historia, con la sociedad intervenida judicialmente, los acreedores en cola y los presidentes bailando en el sillón con más espinas del siglo ha venido un viento nuevo. Guillén y Ollero, con sus aciertos y con sus muchos errores, tuvieron la valentía de asumir esa responsabilidad cuando más rayos caían. Haro y Catalán son beneficiarios de ese trabajo. Son el nuevo capital del Betis, dos jóvenes empresarios de éxito que, además, se han gastado su dinero para hacerse con el control del club mientras otros que prefieren guardarlo en sus cuentas corrientes los ponen a caer de un burro. Pero no todo el viento tiene que soplarles a favor. En el fútbol, en la vida, a veces se gana y a veces se pierde. En el Betis, además, a veces se gana cuando se pierde y se pierde cuando se gana. Todo esto de la negociación está muy bien y es hora ya de que el lío del Betis se acabe. Hay que conseguir ese acuerdo a toda costa, sea peor éste que el anterior o viceversa. Pero también hay que darle al bético algún motivo para la ilusión. Porque en este tipo de situaciones hay que cuidarse mucho de que los intereses generales no parezcan personales. Y el secreto de esa ecuación lo tiene la pelota. La dichosa pelotita. La prioridad no puede ser ganar en los despachos, sino en el verde. Evitar vergüenzas como la del otro día e inculcar a toda la plantilla del club, desde los jugadores al personal de la limpieza, que lo que pasa ahí dentro, entre el hormigón del Benito Villamarín, le duele a mucha gente. Los béticos estamos cansados. No sé si lo he dicho lo suficientemente claro. Por favor, parad esto. Que aguantaremos cuantos martillazos vengan, pero no nos cabe ni un sonrojo más.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla