Haro interviene en la junta de diciembre de 2016 (Foto: J. M. Serrano).
Haro interviene en la junta de diciembre de 2016 (Foto: J. M. Serrano).

El Betis libre y de los béticos

De los 3.000 accionistas actuales, solo 99 apoyan a Lopera, cuyo augurio se está cumpliendo
Por  14:34 h.

De los casi 3.000 accionistas actuales, sólo 99 apoyan a Lopera, cuyo augurio se está cumpliendo
En una ciudad tan apática como Sevilla, donde la sociedad civil no existe y cuatro mediocres que se han colado en las listas de protocolo de todos los organismos para ir a sus ágapes se las avían para promover una corriente de opinión, la que sea, que les haga parecer importantes, lo que está pasando en el Betis es para hacer una tesis doctoral. Las tensiones internas que padece la histórica institución de Heliópolis desde la caída de Manuel Ruiz de Lopera por la vía judicial y por la vía social han desembocado en el que, probablemente, es el mayor levantamiento civil de la ciudad al que la memoria puede alcanzar. Y tan poco acostumbrados estamos a asistir a revoluciones de este tipo, que apenas la estamos entendiendo. En el Betis se está produciendo una reversión de los cánones de las sociedades de capital, una insurgencia que le está plantando cara al poderoso caballero don dinero. En cualquier sociedad anónima, el consejo de administración lo dirige la mayoría de acciones, no la mayoría de accionistas. Es decir, donde está el dinero, está el poder. Sin embargo, la iniciativa impulsada por Ángel Haro y José Miguel López Catalán después de que el club haya dejado de estar intervenido judicialmente ha conseguido lo imposible en una empresa de este tipo. Las voluntades minoritarias se han aliado en un mismo paquete de participaciones hasta consumar dos mayorías indiscutibles: la de capital y la de socios. Dicho de otra manera: el grupúsculo trasnochado que lidera Lopera, en el que también se alistan Manuel Castaño y el siempre nebloso Luis Oliver, que nunca fue mayoritario más que en la representación de los euros, ahora tampoco lo es en ese apartado. Claro que estos accionistas tienen, de momento, toda la legitimidad, en función de sus paquetes de acciones, para intentar gobernar el Betis. Pero ya no tienen ni la posibilidad legal, porque no representan a la mayoría de acciones hábiles, ni la social. La revolución de Haro y Catalán ha consistido en demostrar eso: que la mayoría de los béticos con capacidad de decisión, casi 3.000, quiere un proyecto distinto al loperiano. Si esa votación se usara como encuesta representativa del beticismo, el dato sería demoledor. De una muestra de 2.849 accionistas, sólo 99 apoyan a los antiguos administradores. El 3,4 por ciento de los béticos. Sin embargo, de esta minoría acaudalada ha dependido el Betis durante años. Y el gran cambio que se está produciendo en sus tripas es justo el que auguró el propio Lopera en su célebre discurso triunfalista del 92.
En la esencia del Betis nunca ha tenido un lugar principal el dinero. Esta realidad, que puede sonar a excusa romántica, es exactamente la que le ha permitido aguantar toda clase de tempestades sin perder jamás su invencible masa social. El nuevo proyecto que lideran Haro y Catalán podrá tener defectos. De hecho, los tiene. Pero por primera vez en muchos años se está cumpliendo el sueño verdiblanco. Por fin el Betis empieza a ser, como quería Lopera, libre y de la mayoría de los béticos.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla