Caperucita, que viene el lobo

Por  19:30 h.

Caperucita Verde todavía se cree que la abuelita es buena gente. Lleva desde septiembre metiéndose en el camino del lobo. Y por ahora el canino no le ha pegado el mordisco de muerte porque siempre se ha encontrado con la abuelita de Vigo, la de Valencia o la de Bilbao, por no hablar de las de San Sebastián y Tarragona. Abuelitas que son hermanitas de la caridad. Porque si no, el Betis estaría ahora mismo soñando con ganar en Castalia y en el Martínez Valero la próxima temporada.

Pero, cuidado, que el final del cuento todavía no se ha escrito. El año pasado el cazador Serra Ferrer solucionó la papeleta. Pero este año el que tiene que disparar maneja una escopetilla de feria. Yo me pregunto qué hacia ayer el equipo jugando con cinco defensas ante el Getafe en casa y jugándose la permanencia. Laterales sin recorrido en banda. Nadie en los extremos en el primer tiempo -Odonkor salió cuando ya era muy tarde-. Y Juande, un canterano que bastante tiene con ir cogiendo tablas en Primera para convertirse en el medio centro que tiene pinta de convertirse, asumiendo la responsabilidad de coordinar al equipo para una posible remontada mientras el veterano internacional Vogel comía pipas en la grada. Yo no me entero de nada, la verdad. Pero lo que me preocupa es el lobo. Porque esta ciudad no merece un equipo en Segunda. Porque la afición del Betis no tiene por qué pagar tanta mala planificación. Porque no hay derecho a que el Getafe, que tiene a Belenguer de central, te meta dos con jugadores que desde Heliópolis han sido desdeñados. Porque la historia de Caperucita Verde se aproxima a un final trágico, sin cazador. El próximo paseo es a Barcelona. Y todavía están las abuelitas de Vigo y de Valencia esperando en su casita, porque, gracias a Dios, se enfrentan entre ellas. Pero no se puede jugar tanto con la fortuna. No es justo que un club centenario tenga que depender de la caridad de otros para mantenerse allí donde siempre debió estar. Que se acabe el cuento ya, por Dios, que no va a haber sitio en cardiología del Virgen del Rocío. Pero que se acabe de una vez. Que el autor de esta fábula tenga la decencia de escribir las dos palabras soñadas antes de que el lobo se disfrace de abuelita. Colorín, colorado.

Redacción

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