El cáncer del Betis

La condena a un antiguo colaborador de Radio Betis por quedarse con el dinero de una colecta que organizó la emisora para una niña enferma de cáncer es el acabóse
Por  12:41 h.

La condena a un antiguo colaborador de Radio Betis por quedarse con el dinero de una colecta que organizó la emisora para una niña enferma de cáncer es el acabóse. El verdadero enfermo era este canalla porque sus males no eran corporales. Tenía podrida el alma. Robarle el dinero a una chiquilla en un trance tan doloroso es una infamia que sienta a este miserable en la misma mesa que al demonio, a Belcebú, al leviatán y a cuantas criaturas que representan al mal se nos ocurran. Una actuación así es digna del más agrio desprecio. Es una aberración no ya de la condición humana, sino de la animal. Y este personaje hizo aquello, además, en nombre y representación del Real Betis Balompié, jugando con el sentimiento de una niña que estaba creyendo en la fuerza de su escudo para encontrar una curación que, por desgracia, no le llegó. A mí esto me sobrecoge y, por lo tanto, no puedo andarme por las ramas. Un caso así no admite circunloquios. Es una ignominia que exige un castigo ejemplar para su autor, un delincuente al que no le cabe la menor conmiseración social.

Pero también hay en esta penosa historia una terminante reflexión sobre el Betis que permitió esa fechoría. Algunos defensores de lo indefendible están todavía agitando las redes sociales para propugnar el regreso a Heliópolis de los que contrataron a este mentecato. Nos hablan sin rubor de un Betis moderno que estará muy por encima de la gestión amateur de los actuales directivos, un Betis profesionalizado donde no habrá supuestos entornos, donde se fichará a jugadores del primer nivel y donde sólo habrá crecimiento. Estos señores presumen la experiencia que otorga haber tenido durante años la llave de la puerta de cristales y tratan de reírse de los jóvenes que ganaron con toda legitimidad una junta general de accionistas o de las plataformas que han logrado revelar en los tribunales cómo eran los enjuagues de aquella época nefasta, aunque tengan la desvergüenza ahora de vender como victoria judicial la sentencia del mercantil sólo porque el juez no les aplica toda la condena que se les pedía. El sofisma es genial. Quieren hacernos creer que una condena de inhabilitación o de multa de un millón de euros no es grave porque lo que se pedía era bastante más. Esa es la moral de esta gente. Se vanaglorian de haber esquilmado al Betis un poco menos de lo que la gente pensaba. Y siguen queriendo imponer la creencia de que ellos son la solución, ellos, los que permitieron que en la radio oficial del club un desarrapado hiciera una colecta para una niña enferma y se quedara después con la recaudación. Lo siento, pero ya no cuela. Ya la gente sabe que al Betis no lo pueden curar unos caraduras que tal vez se lleven el dinero de los medicamentos. Todo el mundo tiene claro, después de tanta felonía, cuál es el verdadero cáncer del Betis.

Que Dios perdone al rufián que hizo aquello y que el Real Betis Balompié no olvide nunca las huellas que jamás ha de volver a pisar.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla