El espíritu Serra

Por  13:24 h.

Nadie lo esperaba. Todavía tenía Heliópolis señalado en su calendario festivo aquel domingo en Burgos. Venía el Betis del hostigo de campos como El Plantío, La Malata, Mendizorroza, Castalia, el Rico Pérez, el Helmántico, el Carlos Belmonte o el sempiterno Ipurúa de Eibar. Años de amargura. Pura hiel. Pero entonces llegó desde Mallorca don Lorenzo para terminar con aquella desidia insuperable que acabó enterrando a Sergio Kresic en el Alcázar de Toledo. Le empató al Castellón allí en La Plana sin haberse enterado aún de que su camiseta tenía trece barras. Y sin que nadie lo esperara, ganó nueve de los once partidos que quedaban para terminar la temporada. Acabó incluso adelantando al Español, que había hecho un campeonato modélico, ganándole el último encuentro en casa, aquel día de lluvia y peñas en que el Villamarín despertó de su agonía. Pero, aún así, nadie lo esperaba. El bético, siempre tan sufrido, estaba preparado para pasar fatigas triples aquel año. Y se encontró con la resurrección verdiblanca más imponente de cuantas haya dado su historia. Acabó tercero. Y aunque nadie lo esperaba, Aquino le metió dos goles al Real Madrid de Valdano en el Bernabéu. Jaro, Quesada, Vidakovic, Ureña, Josete, Alexis, Cañas, Merino, Stosic, Cuéllar y el Toro. Le metieron dos a Buyo, Quique Sánchez Flores, Lasa, Hierro, Redondo, Sanchís, Raúl, Luis Enrique, Zamorano, Laudrup y Amavisca. Temporada 94-95.

Luis Aragonés venció después a Juup Heynkes. Finidi, Jarni, Alfonso y Oli doblegaron a Roberto Carlos, Mijatovic y Suker. Y después Cantatore le dio a Hiddink. Ay, Hiddink. Con él volvió el Betis al hoyo precisamente frente al Madrid en casa. La vida tiene estas paradojas. Y más tarde fue Clemente quien ganó a Toshak. Y, por última vez, Juande Ramos, hace ya siete años, le dio borricate a Del Bosque. Zidane dobló las piernas ante Joaquín y Capi. Símbolo antañón de un tiempo pasado mejor. De un Betis que miraba a Europa. De Europa pendiente de las cosas del Betis. Un tiempo que inauguró un hombre que ahora vuelve a Sevilla, desde el Olimpo griego, con el verde en las entrañas. Aquel hombre que ganó, sin que nadie lo esperara, en el Bernabéu, vuelve a Sevilla justo cuando el Betis recibe al Madrid en Heliópolis. Y algo tiene que ver esta historia con Chaparro. Porque nadie espera de él ningún paraíso. Pero seguro que sueña con el espíritu Serra.

Redacción

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