El olímpico despotismo de Villar

Por  12:49 h.

Ya me empiezan a sobrepasar los argumentos de algunos tertulianos deportivos de poca monta. Porque aquí las cosas están muy claritas. Lo que le están haciendo al Betis -incluso diría más: a los equipos sevillanos- los comités de la Federación Española de Fútbol que dirige el simpar Villar es una tropelía. Desde el punto de vista de la lógica y desde el jurídico. Y vamos a dejar aparte el caso escandaloso del Camp Nou y su cochinillo. Hablemos por ejemplo del monedazo que se llevó en Mestalla el árbitro en aquel partido de copa entre el Valencia y el Deportivo de la Coruña. ¿Se suspendió el partido? No. Se jugó a puerta cerrada. En Mestalla. En cambio, cuando Juande Ramos recibió el deplorable botellazo de un jumento bético, el partido que enfrentaba a los equipos de esta ciudad se terminó, a puerta cerrada también, ¿recuerdan dónde? En Getafe. ¿Por qué? Pues porque así fastidiaban a los dos, que tuvieron que asumir las molestias de un viaje inútil a Madrid para jugar sin público. Como si no hubiera sido lo mismo jugar en Heliópolis sin nadie alrededor. Ésa es una. Pero hay más. Seguro que habrán visto algún documental en el que los Ultra Sur apalean a su antojo a quien les place a las puertas del Bernabéu. ¿Saben que esos hinchas tienen acuerdos con el club? Pues nunca ningún comité le ha metido las cabras en el corral al Madrid, a pesar de que está demostrada la vinculación de la entidad con los bárbaros.

Al tío de la botella lo cogieron los demás aficionados y lo entregaron a las fuerzas de seguridad. La plantilla repudió el hecho. El Betis -con cierta torpeza, es verdad, porque en el Betis todo se hace últimamente con la misma diligencia- se apresuró a condenar el hecho. Pero se le cierra el campo dos partidos, se crea jurisprudencia a su costa suspendiendo el choque y dándole los tres puntos al Bilbao, y no se le da opción de agotar el período legal para la apelación. La Federación del bilbaíno Villar, tan lentísima para todo, ha fallado en tiempo récord para imponer al Betis que juegue contra el Barcelona en el Calderón. Del Olímpico, ni hablar. Porque lo que este presidente practica es el olímpico despotismo. Que en su caso, además, no es nada ilustrado, pues pone en peligro muchas cosas. Para empezar, la suspensión del partido y la entrega de los tres puntos a su Athletic de su alma conlleva una reflexión que a mí me da pánico. Eso es darle patente de corso a los cafres. Si cada vez que un bicho suelto pegue un botellazo se suspende el encuentro, teniendo en cuenta la de burros que hay en esto del fútbol -véanse cada fin de semana las numerosísimas incidencias que publica la Policía-, cualquier día que haya tres puntos vitales en juego es capaz un energúmeno de pegarle un trompazo a un jugador de su equipo nada más que meta el uno a cero. Pero es que además en estas medidas contra el Betis hay otro mensaje terrorífico. Apenas unos días antes, no un salvaje, sino varios cientos de ellos, habían ultrajado un minuto de silencio en San Mamés por la memoria de Isaías Carrasco, asesinado por ETA en Mondragón. Varios jugadores del Bilbao declararon después que "al público hay que respetarlo". Y no hay sanción de ningún tipo a nadie, ahora que además está en vigor la nueva Ley del Deporte que castiga la violencia, el racismo y la xenofobia. En San Mamés hubo muchos que no condenaron el terrorismo. Silbaron durante el minuto de silencio. Hicieron apología de la barbarie de ETA. Y eso, señor Villar, es un delito según nuestro código, que contempla un castigo mayor para quienes alientan el terrorismo que para quienes pegan un botellazo. Tanto en los espectáculos deportivos como en cualquier rincón del país.

Si la ley dice que cuando un espectador tira al campo un objeto hay que cerrar ese estadio y castigar al equipo local, castiguen al Betis. Pero si no han castigado a otros equipos por situaciones de mayor gravedad y con la misma ley en vigor para los dos, lo único que yo puedo pensar ahora mismo es que Villar es un cacique que impone sus dictados sin que nadie sea capaz de dictarle su carta de despido. La competición está, por tanto, adulterada.Y ya no queda otra vía que la Justicia ordinaria. O el plante del Gobierno, que menos mal que le ha echado arrestos a la cosa y le ha concedido la cautelar al Betis. Porque, ojo, este puede ser el principio del final de la dictadura.

Redacción

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