El sueño de Chaparro

Por  17:21 h.

Ya sé que pedir que Lopera renueve a Chaparro sólo sirve para que no lo haga. Ya sé que don Manué, tan obsesionado con el parné, sigue creyendo que los béticos se callarán la boca en cuanto anuncie la llegada de un entrenador cotizado. Pero como el dueño del Betis va a hacer lo que le dé la gana escribamos aquí lo que escribamos, no me pienso quedar sin elogiar a Paco Chaparro después de lo que ha logrado con este equipo. Porque yo no olvido, tal vez Lopera sí, que esta plantilla logró sólo once puntos en catorce partidos bajo la batuta de uno de sus cotizados entrenadores. Ni que el año pasado, cuando el cotizadísimo técnico que ahora se tiene que ganar la vida poniendo verde a Ronaldinho en un libro salió embalado para París, ahí estaba Chaparro para dar el puñetazo sobre la mesa. Ni olvido tampoco que Mark González había venido a Sevilla de paseo hasta que lo trincó el trianero. Ni que Pavone era conocido entre los propios aficionados béticos como "Paquetone" hasta que él le dio galones de palomero antiguo y fabricó un engranaje perfecto para que Edu y el chileno le pusieran la cabeza a la rabia de sus centros. Ni que el cotizado Cúper dijo en rueda de prensa que Lima era un futbolista importante y ha tenido que ser uno de la casa el que ponga las cosas en su sitio.

Yo no olvido que Francisco Chaparro ha ganado 33 puntos en una vuelta con una plantilla con la que otros magnates del banquillo hicieron el ridículo. Ni que jamás vendió humo y frente al triunfalismo hipócrita del argentino, que llegó incluso a dejar caer que con este equipo se podía ganar la Liga, siempre se aferró a la cruda realidad del "vamos a sufrir tela". Ni olvido tampoco que no le bailó el agua al que manda cuando en invierno dijo que para traer fuchina prefería no hacer fichajes. Ni que cada vez que salió a los micrófonos cuando el comité quiso hacerle pagar mucho más caro el botellazo al Betis que la apología del terrorismo al Athletic defendió a su club con mucho más amor que quienes dicen amarlo más que nadie. Yo no olvido, Lopera tal vez sí, que Francisco Chaparro ha obrado un milagro donde ya no quedaba fe.

Pero, sobre todo, no olvido que Francisco Chaparro es, además de un gran entrenador, bético. Muy bético. Chaparro es, don Manué, mucho más de lo que usted siempre quiso ser para la afición. Él no quiere dinero. Quiere poder seguir soñando con un Betis campeón de Liga. Y eso, por mucho parné que tenga el dueño, no está pagado con nada.

Redacción

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