Fandango de la botella

Por  10:01 h.

Lo cantaba el mítico Antonio Núñez Chocolate. Pero va a terminar cantándolo a coro el campo del Betis entero. “No quitadme la botella” se titulaba aquel fandango. Porque a este paso no le va a quedar más remedio a Lopera que prohibir la entrada de botellas al estadio. Pagarán, como siempre, justos por pecadores. Pero, visto lo visto en los comités sancionadores, no va a quedar otra. Ha tenido la mala suerte el Betis de que entre los cincuenta mil señores que se sientan cada domingo en su grada para alentar a su equipo se han colado dos simios. Y los dos le pegan a la botella. Tal es su borrachera mental que uno se la tiró a Juande Ramos a la cabeza y el otro le ha partido la cara al portero del Athletic de Bilbao. Y esa pestilente puntería de dos chalados incontrolables la va a tener que pagar el club. No servirá de nada que los demás aficionados de la grada de Gol Norte atiborraran de collejas al ínclito de la botella y se lo dieran en bandeja al servicio de seguridad. Habrá que cantar el fandango. Porque los comités se encargarán de arrogarle toda la responsabilidad al Betis y los informativos nacionales hablarán de cómo rebuznamos los sevillanos mientras el de la cabeza de cochinillo de Barcelona se pasea por las Ramblas roneando de su hazaña. Pero en Sevilla ya estamos hartos. Asumimos con la cabeza gacha las tropelías de estos animales sueltos de la botella. Pero las rechazamos, nos avergonzamos de ellas y gritamos que Sevilla no está representada por los salvajes. Está bien que al jumento del pasado sábado le dé la sombra durante una temporadita, porque lo que le hizo a Armando es una majadería que tiene que pagar. Pero la tiene que pagar él, no los béticos que han pagado su abono religiosamente.

Eso al menos seguiré pensando mientras no chapen un tiempo el Camp Nou. Porque ya está bien de dobles raseros, dobles morales y dobles mentiras. Aquella noche del cochinillo, por si no se acuerdan los señores sancionadores, cayó sobre el césped catalán una botella de whisky. No le dio a nadie. Pero si el mono que la tiró llega a tener puntería hoy estaríamos hablando de una tragedia. Y aquello no sólo no lo pagó el Barcelona. Tampoco el “lanzador”. ¿Cómo metió esa botella en el estadio aquel tío? Porque las de agua y Coca-Cola las venden en el mismo campo. Y aquí ya estamos hartos de fandangos. Y de cantinelas.

Redacción

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