La botella de vinagre

Por  12:45 h.

Blanco y en botella. Niñería. A vueltas con la botella. Después del gesto de acudir a la ambulancia para ver cómo se encontraba Juande, tras decir en rueda de prensa que hay que acabar con los violentos, Luis Fernández vuelve a darle a la botella.

Por mucho que le gusten los toros, ha demostrado no tener capote. Le pone bien la muleta a Lopera para regalarle los oídos. Intenta no darle el estoque a ningún jugador de la plantilla con alineaciones que no se cree ni él. Pero no tiene capote para soportar una crítica.

Vaya por delante que Juande se equivocó cuando dijo que su equipo le había dado un baño a un Betis pésimo. No le pega decir eso ni después de escuchar una barbaridad desde el banquillo contrario –ojú con la botellita-. Pero también es verdad que el “Machote” cayó en las redes de la puerilidad, que es, por cierto, la única red en la que cae su fútbol últimamente. Después de plantear media hora de juego de una manera tan insulsa, justo después de que el equipo contrario, que también parece tener problemillas con el gol, encumbrara a Contreras, lo que hay que hacer es agachar la cabeza y callar. Un hombre se define con sus palabras. Juande se había definido en una inusual altivez con las suyas. Replicar es para el patio del colegio. Porque donde un entrenador tiene que contestar es en el césped. Y no me refiero al improperio torpe desde el banquillo a campo cerrado, donde se escucha hasta el lamido al chupa chups. Luis Fernández dijo que el fútbol da muchas vueltas para rebajar las ínfulas de grandeza de su homólogo en el Sevilla. Y justo después recordó que a él nunca lo han echado de un equipo. Aplíquese su primera frase sobre la segunda. Y vamos a dejarnos ya de trifulcas. Vamos a jugar a la pelotita, míster, porque el Betis no le mete un gol ni a un busto. Y cuando no se marca… Blanco y en botella. Dichosa botella. El Bilbao sigue a cinco puntos. Dos partidos. Me parece a mí que es mejor estar callado. Porque puede ocurrir que mientras en un sitio la botella podría ser de champán, en el otro a lo mejor acaba siendo de vinagre, ese agrio sabor que deja el fracaso. Ese triste sabor que, por desgracia, tan bien conocemos en esta ciudad, machote.

Redacción

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