Ángel Haro, Juan Carlos Ollero y José Miguel López Catalán (Foto: Raúl Doblado)
Ángel Haro, Juan Carlos Ollero y José Miguel López Catalán (Foto: Raúl Doblado)

La cruz del Betis es de navajas

A Ángel Haro le reprocho su falta de carisma en estos momentos ante quienes están planteando un litigio tan pernicioso para el Betis como beneficiosos para sus detractores
Por  11:22 h.

Defendí públicamente la candidatura de Haro y Catalán para reconstruir el Real Betis tras las dos últimas etapas de su historia, ambas aciagas: el loperismo y la judicialización. Por eso ahora puedo sentarme a escribir esto sin banderías ni trincherismos, aun a riesgo de que los obcecados defensores de una causa tan alejada del beticismo como la que representa Castaño sigan abanderando la simpleza de que ellos tenían razón. Vaya por delante esta aclaración: Castaño no. Y ahora añado: personalismos no. Porque en la batalla tribal que se está librando en el consejo de administración del club está pasando eso: los egos se están poniendo por encima del Real Betis Balompié. Y ninguno de los que ahí se sientan, ninguno, repito, ninguno, son más que un grano de arena en la historia de esta entidad. El papel de Ángel Haro, fundamental para sacar al Betis del abismo en el que podía haber caído, es ahora también clave para que el equipo dé pasos serios al frente. Por eso le reprocho su falta de carisma en estos momentos frente a quienes están planteando un litigio intestino que es tan absurdo como cutre, tan pernicioso para el Betis como beneficioso para sus detractores.

Contextualicemos primero lo que está pasando. El presidente, Juan Carlos Ollero, cuenta con la animadversión clara de los dos consejeros de Béticos por el Villamarín, la plataforma de Hugo Galera, y de Cayetano García de la Borbolla, representante en el consejo de Por Nuestro Betis, por una razón irrevocable: la negociación con Lopera para recuperar su paquete accionarial a cambio de acabar con los pleitos pendientes. A Ollero no se le perdona que diera este paso, sobre todo porque los principales representantes de estas plataformas tienen rencillas personales directas con Lopera y no admiten otra cosa que no sea un mal final para el otrora todopoderoso rector del Betis. Esa es exactamente la madre del cordero, a la que hay que añadir que, para poder ganar la Junta General de septiembre, Haro y Catalán tuvieron que arrimarse a estas asociaciones con el objetivo de conseguir su apoyo accionarial. A cambio tuvieron que integrarlas en el órgano de decisión del Betis, lo que aseguraba una tensión que con el tiempo se ha convertido en insoportable. De manera que el consejo bético está ahora dividido en varias facciones: los olleristas –grupo integrado por el propio presidente, el abogado Ernesto Sanguino, el economista Pagola y José Miguel López Catalán-, los “plataformistas” –donde se ubican Adrián Fernández y Rafael Salas de BxV y Cayetano García de la Borbolla de PNB, con aproximaciones últimamente de Montoro- y los neutrales –donde se integra el resto de consejeros-. Lo preocupante de esta historia es que Ángel Haro no está en ninguno de ellos y, a su vez, está en todos. Por eso permitió que se creara una comisión ejecutiva que otorgaba el mando al grupo de Ollero y orillaba al resto y, sin embargo, ahora se marcha sin siquiera oficializarla. Y por eso el pasado lunes se produjo una votación grotesca con motivo del cierre del mercado de fichajes, más propia de una asamblea de Podemos que de una sociedad mercantil profesionalizada. El fichaje de Damiao sólo fue la excusa para volver a abrir fuego. Porque quienes se oponen a Ollero han decidido atacar también a quienes consideran que forman parte de su escuadrón, principalmente a Eduardo Maciá, cuyos resultados, tampoco hay que negarlo, no están siendo aún los que se esperaban de un director deportivo fichado con banda de música.

La consecuencia de todo esto es nefasta: el Betis huele ya el cenagal del descenso y todavía no se ha pronunciado sobre la provisionalidad de Merino o el fichaje de Juande y, además, afronta lo que queda de temporada con un problema de gol irrefutable. Porque, en lugar de solucionar estos asuntos primordiales, los directivos se han dedicado a tratar de romperse la crisma entre ellos. La cruz que cargamos vuelve a ser de navajas. Por eso ya no me trago los golpes de pecho de algunos defendiendo su beticismo. Y por eso señalo a Catalán y, sobre todo, a Ángel Haro, cuya indefinición en la lucha de cloacas y falta de valor para decantarse o incluso tomar las riendas empieza a ser desesperante tratándose de una persona con capacidades más que acreditadas para tomar decisiones y defenderlas ante quien sea. Ellos dieron el paso al frente y de ellos depende que esto se arregle cuanto antes, que ya está bien de perder tanto en casa, para que de una puñetera vez hablemos sólo de lo que tenemos que hablar: Real Betis Balompié. Real Betis Balompié. Siempre Real Betis Balompié.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla