Musonda aseguró estar muy feliz (Foto: RBB)
Musonda aseguró estar muy feliz (Foto: RBB)

Mus-Honda

Me voy a reservar todavía el elogio desmedido hacia Musonda porque la historia del Betis me lo exige
Por  10:19 h.

En su primer partido en el Villamarín, Roman Kukleta le metió un gol de tacón al Castellón. Los chavales que estábamos allí -de esto hace ya 25 años- y vimos los movimientos de ese delantero checo que había estrenado el listado de fichajes de Lopera, antes incluso de tomar posesión como presidente, salimos del estadio convencidos de que se habían acabado nuestros pesares por los campos de Segunda. Pero Kukleta terminó siendo un trampantojo. Se fue de aquí por la puerta de atrás, harto de tabaco y copas, después de contemplar desde el banquillo tres años de puro Betis.

En su primer partido en el Villamarín, Velli Kasumov le puso una pelota medida a Roberto Ríos para que metiera el primero y luego se marcó una jugada personal desbordante para anotar el tercero. Claro que aquello fue contra el Sestao en el 93, pero el fracaso de Kukleta creíamos haberlo solucionado con aquel azerbayano que venía de meter una morterada de goles en el Dinamo de Moscú. Luego resultó que los giles se le olvidaron y el ascenso volvió a depender otra vez de la cantera. Kasumov acabó sus días como futbolista en el Écija. No sé si me explico.

En su primer partido en el Villamarín, Wojciech Kowalczyk entró para los últimos minutos contra el Sporting de Gijón, recién ascendido el Betis con Serra Ferrer, y metió un golazo tras un carrerón fulgurante desde la banda. Los aficionados nos vinimos arriba con aquel polaco que había deslumbrado en los Juegos Olímpicos de Barcelona con su selección. Pero el del bigote sólo metió tres goles más porque fue suplente de Aquino. Eso sí, uno de ellos fue en un derbi, lo que no evitó que se fuera de aquí como uno de los peores fichajes de nuestra historia.

En su primer partido en el Villamarín, Charly Musonda dio una exhibición de velocidad, control, fortaleza física y talento tanto para desbordar con la pelota pegada al pie como para romper al rival con sus constantes cambios de posición. El joven del Chelsea, perla de la cantera inglesa y del fútbol belga, puso a la grada en pie con un desparpajo que en Heliópolis, desgraciadamente, no se ha visto muchas veces en los últimos años, salvo en equipos rivales que visitaban nuestro campo. Es un bicho, un pelotero con un evidente halo de figura en ciernes. Es una moto a la que bien podemos llamar Mus-Honda. Pero yo, que felicito a Maciá por esta incorporación pase lo que pase, me voy a reservar todavía el elogio desmedido porque la historia del Betis me lo exige. Cuando Charly engarce cinco partidos seguidos a ese nivel, hablamos. Lo siento, chaval, pero Kukleta me hizo un callo en el alma que no tiene cura.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla