Parió la abuela

Por  20:32 h.

Como éramos pocos, parió la abuela. En una familia compuesta por Lopera, el perro de Lopera, el busto de Lopera, el centenario de Lopera y las arbitrariedades de Luis Fernández, lo que faltaba es que apareciera Pérez Lima, que es más arbitrario que el Machote. Pero conste que yo no daba un duro por este Betis cuando el árbitro arbitrario dio el primer pitido. Porque la alineación me pareció disparatada.

Isidoro de lateral izquierdo. Desde luego, el canterano está demostrando que tiene madera, porque el marrón era gordo y lo esquivó correctamente, sin alharacas pero con una venda en la frente. Arzu, Assunçao y Rivera –que pasa de la grada al césped como el que cruza el puente de Triana- se repartían el centro del campo. Y arriba, nadie. Bueno, sí, Edu, que no es delantero y al final acabó cumpliendo como si lo fuera. Robert, Rivas y Doblas estaban haciendo vestuario en Sevilla. Cuidadito con las medidas histriónicas del entrenador, porque al Betis lo único que le hace falta ahora es mal rollo. Por las que hilan. El caso es que pese al extraño once que puso Luis Fernández en lo alto del monte barcelonés, el equipo tuvo redaños para remontar el partido. Sin jugar a nada, como siempre, al menos vio puerta. Y con el uno a dos alumbrando a la vera del pebetero –ese sí que es un estadio olímpico y no el de La Cartuja–, con la victoria a punto de subirse al primer avión con destino a Sevilla, parió la abuela.

Pérez Lima, que en el primer tiempo se había jamado un penalti claro a Capi y en el segundo había anulado con bastante arbitrariedad un gol al Español, miró hacia el marcador, vio que se había parado en el minuto noventa y a la primera parada que hizo Contreras se lanzó hacia el epicentro del área. Penalti. Penalti que no vio ni él. Y por si no era bastante, se metió la mano al bolsillo y lo primero que encontró se lo enseñó a Contreras, Edu y Miguel Ángel. Mala suerte. Lo primero que encontró fue la tarjeta roja. Ea. El Celta perdiendo. El Levante empatando. El Betis soñando con el respiro definitivo. Y parió la abuela. Ley de Murphy. Todo es susceptible de empeorar. Todos los males vienen juntos. A perro flaco, todo se le vuelven pulgas. Es verdad que el Betis es un equipo muy, pero que muy ramplón. Es cierto que está donde está porque la única cabeza pensante –mejor dicho, la única que tiene derecho a pensar- es de bronce. Está claro que el Betis sólo puede aspirar a la permanencia porque aunque Lopera no tiene la culpa de que Odonkor se lesione, sí la tiene de que el club sea una soberana anarquía regida por un autócrata. Curioso régimen, sí señor. Pero tampoco hay derecho a que un árbitro tan arbitrario determine una competición. Porque todo el mundo se puede equivocar, pero hay errores que no pueden admitirse en un profesional. A un metro de la jugada, si Pérez Lima vio penalti, necesita urgentemente ir al oftalmólogo. Como quienes gobiernan al Betis, miopes que se niegan a ver, allá a lo lejos, un agujero negro. Me voy a mojar: en esta dinámica de ladridos, arbitrariedades, árbitros y aojamientos, el Betis acabará soplando cien velas en la más dolorosa oscuridad.

Redacción

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