Parábola de La Voz de su Amo

Por  21:11 h.

No tiene nada que ver con el partido de la Real. Qué va. Ni con el del Levante. Nanai. Le vino muy bien el Irureta de turno al titiritero verdiblanco. El entrenador tenía la culpa de todo. Y punto. Pero la situación del Betis está por encima de Jabo y de Luis Fernández. Todo lo que le pasa a este club, absolutamente todo, tiene origen en la calle Jabugo.

Es verdad que durante algunos años se fichó caña de lomo cinco jotas. Pero por regla general en Jabugo se ha trabajado con chopped, pavo cocido y mortadela con aceitunas para todos los estamentos del club. Mientras se achacaba al de la acera de enfrente su política de los veinte duros, en esta acera los duros han ido cayendo en factorías como Tegasa, Incecosa y otras tantas que en realidad son la misma. Abres el libro de relatos del Centenario y te encuentras con una foto de Lopera en cuyo pie viene a decir que salvó al Betis en el 92 de las manos de Hugo Galera. De Hugo a Hugo. Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Axioma de la propaganda barata. Este Betis de Hugo es mucho peor que aquel otro del otro Hugo. Aquél no vendía humo. Éste es una chimenea. Aquél no mordía, pero ladraba. Éste ladra mucho para que sólo muerda uno.

Más allá de los disparates de Luis Fernández –quien llegó a Heliópolis porque al presidente de estraperlo le dio la gana- con las alineaciones; más allá del dislate de Robert –no me refiero a que haya metido ocho goles y fallado dos mil, sino a su descaro al afirmar que después de que el club soltara la guita se iba a ver su mejor fútbol (¿hasta ahora se estaba aliviando porque no tenía contrato fijo?)-; más allá del desastre contra la Real -¿alguien sabe a qué juega el equipo del Machote?-; mucho más allá del quinario que está teniendo que pasar una afición que, otra vez, otra más, va al estadio que sea para apoyar a su equipo; mucho más allá de todo eso, el verdadero problema del Betis tiene un nombre. Porque, por mucho beticismo que diga que corre por sus venas, por mucho alarde de palabrería para gritar en plan jefe de la tribu que va a dejar el Betis en herencia a los béticos, Manuel Ruiz de Lopera sigue aferrándose a Tegasa (perdón, al Betis) mientras el campo entero le suplica que se vaya. Y vuelve a nutrir de tanta polémica como chabacanería, mal gusto y horteridad cuanto hace para su mayor gloria. El disquito del perro es la gota que colma el vaso. El consejero que no se vaya quedará retratado. Aquí quien manda es Lopera. O peor aún: manda Hugo. Por eso este Betis del año 2007, el del Centenario, es mucho peor que el del Hugo del 92. No porque tenga en el cogote el aliento del segundazo, sino porque es un club encadenado al emperramiento caprichoso e interesado del dueño del perro. El perro. Logotipo de una antigua marca de gramófonos: La Voz de su Amo. Guau, qué cantidad de casualidades. Un perro, un amo, una voz que habla en nombre del amo –piense en quien quiera, tanto presidente como entrenador valen- y un disco grabado para honrar al amo. Real Betis Balompié. Abril de 2007.

Redacción

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