Poyet, en el Betis-Madrid
Poyet, en el Betis-Madrid

Poyet y la tuna

El técnico tiene que olvidarse de los pitos de la afición, de los pitos de los árbitros y de los periodistas para centrarse en el trabajo y la exigencia
Por  11:51 h.

Vamos a dejarnos de excusas. Los periodistas somos muy malos y pontificamos sobre cosas de las que no tenemos ni idea, de acuerdo. Los aficionados somos muy impacientes y protestamos por sistemas de juego que no distinguimos, vale. Los árbitros nos pitan fatal y jamás nos benefician, eso está claro. Pero este Betis no termina de ilusionar a nadie. Y eso no es culpa ni de los periodistas, ni de los aficionados, ni de los árbitros. Después de nueve jornadas, dos de ellas con goleadas absolutamente indignas por mucho que vengan del Madrid y del Barcelona, seguimos sin poder paladear un estilo o siquiera una alineación. Los números, de momento, están funcionando porque con esta media de puntos el equipo tendrá una temporada muy tranquila en los medios de la tabla. Pero la paciencia bética ya ha rebasado los límites de lo razonable desde hace mucho tiempo. El banquillazo de Rubén Castro en Pamplona no hay quien lo entienda, aunque la victoria en El Sadar lo encubra todo. La insistencia en poner a Piccini de lateral derecho para convertir esa banda en una pista de aterrizaje que permite a cualquier extremo zurdo de medio pelo aterrizar como un avión en el área verdiblanca ya no tiene ni un pase más. El espesor en el centro del campo con una acumulación de jugadores que, paradójicamente, no juega con vistosidad pero deja jugar al contrario no termina de resolverse. Joaquín, que es el más veterano, está siendo el que más corre en todos los partidos. Musonda no ha tenido oportunidades hasta que se ha lesionado. Y la delantera sigue a la espera de que Sanabria encaje. Queda mucha temporada y no hay que alarmarse, pero tampoco valen ya los pretextos.

Mientras la tuna le canta a Lopera en su casa para agrandar el insoportable esperpento que nos rodea desde que su nombre está vinculado al Betis, la gente sigue manteniendo intacto el miedo a tener que aguantar una nueva banda sobre el césped de Heliópolis. Por eso es urgente acabar con esta sensación. Poyet, cuyo carácter es una de las mejores cosas que han desembarcado en el equipo en los últimos años, tiene que olvidarse ya de los pitos de la afición, de los pitos de los árbitros y de las preguntas de los periodistas. El equipo que ha construido Miguel Torrecilla es, con sus obligatorios defectos provocados por la carestía económica, claramente mejor que el del año pasado y la gestión del club se ha profesionalizado como nunca antes lo había hecho. Eso también lo ve todo el mundo. Así que vayamos de una santa vez a lo que tenemos que ir. Concentración y trabajo. Exigencia y crecimiento. Los béticos lo merecemos ya. Porque como no empecemos a tener pequeñas alegrías pronto, la tuna no va a cantar en el Fontanal a cincuenta euros del bolsillo del innombrable por barba. Va a terminar cantando por un dineral en la grada.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla