Imagen de los aficionados del Betis en El Molinón de Gijón (Foto: J. Peteiro)
Imagen de los aficionados del Betis (Foto: J. Peteiro)

Qué suerte más grande, Machuca

El bético tiene la inmensa suerte de haber aprendido que la mayor victoria de la vida a veces habita en la derrota
Por  12:43 h.

Anda mi amigo Félix mirándose en el espejo de nuestra gloria para encontrarle algún brillo a la suya. Lo digo de antemano. Cuidado. Con Machuca me meto yo. Al que me lo toque, lo mato. Pero yo voy a meterme por derecho. Porque no lo entiendo. No logro comprender como quienes están embriagados por la magia de los paragüeros, inflamados por la titulitis, pueden estar permanentemente pendientes de los avatares de un equipo sufridor que gana algo tan de tarde en tarde. O sí. En el fondo lo entiendo. Yo sé que Félix Machuca, que escribe siempre con el corazón en las yemas de los dedos y por eso suele tocar las entretelas, tiene en el fondo un complejo grande que no consigue sacarse de sus adentros. A él, que le gusta tanto escribir, le duele en el alma ser de un equipo sin literatura. Y por eso no puede vivir sin el Betis, al que tanto desprecia porque tanto ama. El sábado que viene a las diez y media de la noche, cuando las dos orillas del río futbolístico de Sevilla hayan vuelto a separarse, a lo mejor tenemos que hablar un ratito sobre la suerte. Machuca se queja de que los béticos sólo vemos azar en los triunfos del Sevilla. Yo creo que lo hace no porque sea cierto, sino porque aspira a que lo sea. Quiere que los béticos nos comamos por dentro y suframos cada vez que triunfa el Sevilla. Su éxito necesita nuestra envidia. Por eso, en el fondo, yo creo que todos sus títulos acarrean esa frustración. El bético, amigo Félix, es como el trianero puro: no cruza nunca el puente. Lo que pasa al otro lado le queda muy lejos. Por eso ni aprecia ni desprecia. No siente nada. El bético tiene la suerte, la inmensa suerte, Machuca, de haber aprendido que la mayor victoria de la vida a veces habita en la derrota. El humilde, nada pretencioso, austero, auténtico. No es grande por comparación. Es grande en sí mismo. Y esa suerte, querido amigo, no se puede medir con el mismo metro que la de meter un gol en el último minuto. Qué va. La suerte del Betis, gane o pierda, es que su gente va a estar allí seguro. Nuestra suerte, compadre, es que seremos felices si os ganamos y no seremos unos desgraciados si perdemos. Es una suerte espiritual, suprema, muy distante de esa suerte terrenal de la que hablan los que aspiran a entendernos y no pueden.

Claro, ya sé que ahora me dirán que esto es el típico “manque pierda”, un conformismo autocomplaciente que nos mantiene siempre en la penuria. No me importa. Porque el sábado por la noche levantaré una copa por Machuca para felicitarle si tengo que hacerlo o para celebrar nuestra victoria. Esa es mi suerte. Que para mí el partido de verdad se juega mañana en la Junta General de Accionistas porque de ella depende que el Betis siga siendo el Betis. Lo que sean los demás me da igual. Por eso estoy convencido, sin dejar de admirar a los muchos sevillistas de cuya amistad me precio, de que la verdadera suerte bética consiste en haber logrado que quienes no saben disfrutar de lo suyo sin mirar al contrario sean todos del otro equipo.

Suerte, Félix. Un abrazo.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla