Recuerdos de segunda fila

Por  21:50 h.

No habías caído en la cuenta, pero una ráfaga inesperada te ha alumbrado la memoria. Fue en Jaén. Como cuando el día de Burgos. Fernando Vázquez había caído como entonces cayó Kresic. Y apareció el Sol de Luis tal como pegó el Lorenzo desde que se asomó por Castalia. Joaquín había llegado al primer equipo y había puesto al Betis con el año de cara después de una exhibición en El Molinón. Amato lo empujó para adentro todo. Y sólo había que ganar en Jaén. Ya está. Del Sol alineó aquella tarde un once que ni tú ni quienes nacieron a tu vera en el capacho verdiblanco podréis olvidar jamás. Prats, Filipescu, Belenguer, Rivas, Luis Fernández, Castaño, Cañas, Joaquín –ay, Joaquín-, César, Casas y Amato. Merino sufría sus últimos estertores como pelotero en un banquillo en el que también se sentaban Valerio, Fabao, Benjamín, Arzu, Otero, Capi y Cuéllar, el zurdo de Tegasa. Y allí se puso el de La Línea un pinganillo para escuchar lo que ocurría junto al Manzanares. Hasta que Gastón Casas enchufó el segundo. Entonces dejó de informar a un moreno que tenía a su costado, viejo nigromante de campos de albero y chamán de un sentimiento que, en aquel tiempo, estaba colmado con estar a la sombra del Sol de Luis. Aquella tarde de Jaén, ahora lo recuerdas bien, ese hombre estaba allí, en primera fila, después de tantos años dándose gañafones en la segunda mientras otros que ahora quieren ser más importantes hasta que el balón le miraban la nuca desde la tercera. Allí estaba la Esperanza de Triana, avanzando sobre los pies, muy de costero a costero, para llegar a la gloria de su sueño como cuando el Cristo de Burgos se encontró con la luz del Lorenzo. Y ahora caes en la cuenta de que no puede ser casualidad. De que han sido muchos años de sopa y tabaco de masticar hasta lograr enseñar la Pata Negra y encenderse un lancero de La Habana. Ahora te percatas de que ese jorguín de tez zaina sólo se ha puesto en primera fila para hacer del Betis el equipo de sus entrañas. Para sacarlo del cenagal en Santander. Para volver a enseñarle la superficie tras hundirse en la oquedad de los océanos cuperianos. Ese hombre humilde, cabal de la cava, gitano gachó, profesor y eterno alumno, no será el Pitágoras del fútbol moderno. Pero es el Platón de tu fútbol. Un amante de aquello que tú amas. Espectador de segunda fila que moría con Cardeñosa, Morán, Gordillo, Esnaola, Del Sol y Rogelio cuando en ella se sentaba y que lloró, como tú, aquella noche de los cuatro de Tenerife cuando Pumpido las vio pasar de largo.

Ahora lo tienes claro. Este domingo tu Betis viaja a Almería, feudo de Emery. Y el de la tercera fila hará lo que quiera. Pero jamás podrá robarte la memoria. Tu memoria. Porque ésa es sólo tuya incluso desde el 92. En Burgos, en Tenerife, en La Coruña, en la ribera del Manzanares, en Jaén y en la Cochinchina.

Redacción

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