Kadir y Vargas, éste con la camiseta sobre la cara, se lamentan de uno de los goles del Sevilla (Foto: Raúl Doblado)
Kadir y Vargas, éste con la camiseta sobre la cara, se lamentan de uno de los goles del Sevilla (Foto: Raúl Doblado)

Sanseacabó, Betis

El Betis ha desfallecido en el llano de lo deportivo con una planificación indigna de una entidad con más de 40.000 socios
Por  11:15 h.

No vale el conformismo literario. No vale el manque pierda. No vale el escudo impenetrable que nuestra historia le ha puesto al sufrimiento. No vale la palabrería derrotista. No vale. A partir de ahora lo único que vale es un Real Betis a la altura de su gente. Con un presidente firme en sus decisiones. Con un consejo de administración sin rencillas internas ni vanidades absurdas. Con un director deportivo que acierte de una santa vez. Y con un entrenador que entrene. Porque lo de anoche fue un escarnio que no se puede volver a producir. Hasta aquí hemos llegado.

Yo creo que Juan Carlos Ollero es un presidente idóneo para la construcción de un Betis sólido y que tanto Haro como Catalán representan la juventud que necesitan sus estamentos para modernizarse. Pero también creo que ni ellos mismos se lo creen todavía. Porque no tiene explicación que después de subir el Everest en la lucha contra el loperismo obsoleto y pernicioso se desfallezca en el llano de lo deportivo con una planificación indigna de una entidad con más de 40.000 socios. Hay que reflexionar eso con seriedad y tener conciencia de que los egos no caben en esta coyuntura. Sólo cabe el trabajo serio, riguroso y en común. Sólo hay sitio para proyectar una imagen de unidad y de ambición que pasa por exigirle a Eduardo Maciá resultados inmediatos en la elección del nuevo entrenador, en los fichajes y, por consiguiente, en los marcadores.

Perder de la manera en que se ha vuelto a perder contra el Sevilla nos obliga a dos cosas: a felicitar al rival por haber conseguido algo que por historia y afición también podemos lograr nosotros y trabajar para acabar con nuestra cansina leyenda de las miserias. La derrota nos hace mejores personas porque sólo los buenos están capacitados para aceptar el fracaso. Pero el derrotismo nos hace débiles. Por eso hay que acabar con esta deriva sin renunciar a nuestras esencias. Hay que cambiar el espacio del sufrimiento y dejarlo sólo para las finales. Para los descensos y bochornos ya no hay hueco. Lo dijo uno de nuestros símbolos, el Faraón eterno de nuestra manera de transformar el balompié en arte: sanseacabó, Betis, sanseacabó.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla