El rapero catalán Pablo Hasel deseó que el avión de la plantilla del Betis se estrelle por el caso Zozulia
El rapero catalán Pablo Hasel deseó que el avión de la plantilla del Betis se estrelle por el caso Zozulia

Un Goya para Hasel

España es un país de película en el que muchos hacen un magnífico papel de miserables
Por  14:10 h.

La confusión entre intelectuales y faranduleros es uno de los grandes males de España desde el último tercio del siglo pasado. La libertad de expresión, tan anhelada en otros tiempos, ha dado un pendulazo en el que no hay control ni vergüenza. Obviamente, todos tenemos el mismo derecho a disfrutar de esa libertad, pero eso no quiere decir que cualquier opinión merezca respeto. Es triste tener que aclarar que la opinión de un oncólogo acerca de los distintos tratamientos del cáncer de colon no puede valer lo mismo que la de un mecánico de motos. Pero esta evidencia está ahora mismo en situación de máximo riesgo. Las redes sociales han abierto la veda del igualitarismo en el campo de las opiniones. Cualquiera emite juicios concluyentes sobre lo que sea y, además, exige respeto a su punto de vista. Todo el mundo se atreve a sentenciar porque hablar es gratis. Y eso ha provocado una confusión general altamente nociva para el buen progreso colectivo: otorgamos autoridad a quien sea por el simple hecho de que es famoso. Es decir, Pedro Almodóvar, que es una autoridad del cine y con eso tiene que le sobra, se convierte sólo por eso en una autoridad social para opinar sobre lo que le dé la gana. O Dani Rovira, que es un cómico, se siente con legitimidad para ponerse unos tacones en la soporífera gala de los Goya y reivindicar una mayor presencia de las mujeres en los puestos de responsabilidad de este país. Con lo fácil que era haber cedido su sitio a una actriz y defender la igualdad dejando que sus honorarios los cobrara ella. Pero uno de los síntomas flagrantes de la trivialidad en la que nos movemos es que casi todas la reclamaciones que hacemos son postureos de boquilla: «Yo creo mucho en esto, pero dame a mí lo mío primero y luego lo discutimos».

En ese contexto es fácil que se den aberraciones como la del rapero Pablo Hasel. Este trovador ripioso que va por la vida de poeta y no sabe poner bien las comas se ha atrevido a desear públicamente que el avión del Betis se estrelle porque la plantilla verdiblanca ha apoyado al jugador Zozulia. El grupo ultra «Los bucaneros» del Rayo Vallecano, que como todo el mundo sabe está compuesto por catedráticos de Filosofía y de Derecho, ha decidido que este joven ucraniano es un nazi que ha de ser desterrado de nuestro país. Y el presidente del club madrileño se ha tragado el sapo. La indigencia intelectual de una masa violenta, que critica la supuesta intolerancia de una persona aplicando una intolerancia salvaje, es tan osada como la ineptitud del mandatario vallecano. Los estereotipos ideológicos, que suelen emanar de la ignorancia y la desinformación, son simplismos inasumibles para cualquier sociedad desarrollada. A Zozulia le confundieron el escudo de su país, que llevaba impreso en una camiseta, con un símbolo neonazi. Lo juzgaron sin preguntarle. Y esa locura llevada al límite en un campo de fútbol ha provocado que un rapero investido de progresista desee la muerte a un equipo entero. Queda claro que éste es un país de película. Así que pido un goya para Hasel por su magnífica interpretación de la estulticia española.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla