Los béticos, en Los Cármenes (Foto: Miguel Ángel Molina / EFE).
Los béticos, en Los Cármenes (Foto: Miguel Ángel Molina / EFE).

Un sueño bético

"Entonces tendré que explicarle que el Betis es exactamente eso, una extraña utopía"
Por  10:05 h.

La vida es un frenesí, una sombra, una ficción. Desde que lo dejó escrito Calderón (de la Barca, no Gabi) los béticos nos hemos identificado siempre con esa definición de la ilusión: el mayor bien es pequeño, toda la vida es un sueño y los sueños, sueños son. Pero yo he soñado esta noche algo que no quiero que sea una simple aspiración de ojos cerrados. He soñado con los ojos abiertos una verdad incontrovertible. Soñé que el Betis tenía más de cuarenta mil socios, que su estadio era uno de los cinco de España con más asistencia de público cada dos semanas, que había béticos esparcidos por todo el país, que la audiencia de televisión del Betis marcaba un récord tras otro, que en todos los campos visitantes éramos el equipo con más presencia en la grada… En los sueños no hay limitaciones. Por eso el Betis es en su esencia un sueño. Porque no tiene fronteras, porque es capaz de conseguir lo que nadie jamás se creería.

Si yo le cuento mi sueño a un señor de un pueblo de Holanda, por poner un ejemplo cualquiera, me tomará por loco porque pensará que aspiro a una utopía. Entonces tendré que explicarle que el Betis es exactamente eso, una extraña utopía. Ha logrado lo que es casi imposible, pero no ha podido alcanzar lo sencillo.

Esta noche he soñado también que el Betis no había bajado a Segunda nunca porque su masa social hacía imposible esa debacle. Y que gracias a la audiencia de televisión era uno de los equipos con más ingresos de Europa, en cuyas competiciones era un asiduo. Y que nunca había estado gobernado por sátrapas. Y que los mejores jugadores del mundo se disputaban cada verano una ficha aquí porque el proyecto del club era cada vez más moderno. Y que teníamos un estadio nuevo terminado al completo para albergar a nuestros infatigables seguidores. Y que los únicos debates que había era que si tal futbolista estaba dando el callo o que si el entrenador había puesto bien al equipo en el terreno de juego. Y que cada pocos años levantábamos un título…

El holandés al que le contara todo esto seguro que me diría: “Esta segunda parte me la creo, pero con la primera te has pasado”… Eso es lo desesperante y al mismo tiempo esperanzador: que los béticos nos pasamos siempre y somos absolutamente increíbles.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Adjunto al Director de ABC de Sevilla