Vuelve la era Balan

Por  20:27 h.

Ya resulta desternillante todo. La espantada de los entrenadores de postín cuando suena el teléfono desde Jabugo, atufados por el hedor que desprenden las huidas de Irureta, Cúper y compañía, es un síntoma transparente de la enfermedad del Betis loperiano. Pero el mandamás no se entera. Y sigue empeñado en humillar a un hombre que quizás también debería haberse unido ya a la desbandada, pero que sigue ahí porque le duele el Betis hasta la desesperación. Chaparro conoció también aquel tiempo de Retamero, que para don Manué es la prehistoria del Betis -la Historia comenzó con él-, en el que se fichaba en las rebajas. Chaparro vio aquel último ascenso preloperiano, allá en el 90, con Pepe Mel de estrella de una plantilla hecha con calderilla. Y seguro que ahora compara. Chaparro estará viendo con claridad que aquel Betis que rozó la desaparición no está muy lejos de éste, desaparecido ya entre las argucias empresariales del megalómano señor. Estará pensando el de Triana que la humildad de aquellos jugadores -Trujillo, León, Miguel Ángel I, Miguel Ángel II, Rodolfo Dapena, Valentín, Gabino, Puma Rodríguez, Recha, Zafra…- era suficiente para llevar al Betis por las veredas de la honestidad. Tanto, que ascendió. Aunque tuviera que hacerlo, ay Betis, cuánto sufrimiento, empatando con el Sabadell en casa y encomendándose a los goles que el Jerez le metió al Coruña en Chapín. Chaparro, como todos los béticos, sabía en aquella época que la única alegría podía ser un ascenso. Y se conformaba con sobrevivir a estertores. Pero fue Lopera quien le cambió la mentalidad. Él fue quien llegó hablando de fichajes millonarios, de presupuestos, de sueldos de jugadores. Él fue quien fichó a Serra y puso al Betis otra vez en una final. Fue él. Él fue quien fustigó a quienes llevaron al Betis a la ruina, quien se erigió en sumpremo salvador, quien tantas y tantas veces anunció que legaría el club a los béticos. Y ahora le niega el banquillo a un bético. Y la ilusión a todos los demás.

Ahora, quince años después de todo, no queda ningún iluso. Todo el mundo sabe que el Betis es un chiringuito de playa con unas instalaciones de polideportivo de pueblo chico, una secretaría técnica a la que Los Morancos sacarían mucho partido en un gag, y una gestión económica tan oscura como el futuro del equipo. Ahora todo el mundo recuerda aquellos tiempos, éstos de época loperiana, en los que se fichaba a Juanito del Rácing de Ferrol, Monreal del Mérida, Mágico Díaz y Txirri del Marbella, Ekstrom de algún suburbio sueco o Balan González de quién sabe dónde. Porque ni Lobatón podría explicar de dónde salió este peruano que sólo jugó un partido, precisamente contra el Marbella, y no volvió a aparecer jamás por el césped. Pero a lo mejor su caso sirve para poner nombre a la era que don Manué anuncia para su Betis otra vez. La era Balan. Fichajes de jugadores de Segunda y Tercera. Un Betis de guerra pero sin ningún simpatizante vivo ya en toda España. Y quizás algún nombre de mentira. Ferreira, Ikpeba, Rojo…

Chaparro sigue ahí a pesar de todo. Aguantando los desmanes del gran jefe indio. Sabiendo de sobra que si renueva se va a encontrar con un plantel propio de Retamero. Perdón. Retamero nunca engañó a nadie.

Redacción

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