Los jugadores béticos celebran en el vestuario el triunfo en el derbi (Foto: Real Betis).
Los jugadores béticos celebran en el vestuario el triunfo en el derbi (Foto: Real Betis).

Un derbi para siempre

Artículo de Eder Sarabia, segundo entrenador del Real Betis, sobre las sensaciones vividas alrededor del derbi
Por  9:21 h.

Acabábamos de ganar al Real Madrid en el Bernabéu y alguien, en el mismo vestuario, dijo: «Pues ya veréis si ganamos el derbi…».
Y tenía razón. Porque esto es lo más grande que he vivido en un campo de fútbol.
Y es que uno, desde el primer día que fichamos por el Betis y pusimos el primer pie en Sevilla, se da cuenta de que hay tres cosas por encima de todo: la Semana Santa, la Feria… y el derbi.
Yo soy del Athletic. De niño mamé lo que tantos y tantos béticos han mamado aquí con su Betis. Porque eso es el fútbol. Tu equipo, el de verdad, es el que te transmitieron tus padres o tus abuelos. Por el que de pequeño (y no tan pequeño) has llorado, tanto en la victoria, como en la derrota. Sólo necesitaba sentarme en mi localidad de San Mamés y que sonara el himno a la salida del equipo para que se me pusieran los pelos de punta y emocionarme. Por eso, me resulta más fácil entender lo que es el Betis y lo que sienten los béticos. Por que esto, como siempre he defendido y defenderé, va mucho más allá de ganar o perder.
Allí también tenemos un derbi, contra la Real Sociedad y partidos de rivalidad histórica contra el Madrid o el Barcelona. Pero esto, este derbi, es diferente.
Tras la vacaciones de Navidad, tuvimos diez entrenamientos para preparar el partido. Desde el primero de ellos, al equipo se le veía convencido. Con ese punto de hambre y de agresividad, y con la tranquilidad suficiente para poder desarrollar nuestro plan y nuestro juego.
El reto, ante un gran equipo que llevaba catorce meses sin perder en su casa, era complicado. Pero era nuestro momento y todos, desde dentro, lo sabíamos.
Vivir el partido desde una cabina de radio lejos del césped y del equipo fue duro. Allí estábamos el míster, Jon Pascua y yo. Sufriendo más que nunca, pero a la vez, disfrutando con lo que estaba pasando en el terreno de juego. Noventa minutos tremendamente intensos. Con quince de descanso en los que te quieres subir por las paredes. Pero en el fondo, con la convicción de que estaba en nuestras manos.
Todo empezó con el golazo de Fabián y acabó con la tremenda jugada de Cristian Tello (cuatro toques perfectos que ponían la guinda a una actuación extraordinaria del equipo) y un descomunal abrazo entre los tres. Un momento enorme de liberación y de alegría. Un momento que siempre llevaré dentro de mí.
Jon bajó para el vestuario. Nosotros dos esperamos a que se vaciaran las gradas, mientras disfrutábamos viendo cómo nuestros 570 aficionados cantaban y celebraban la gesta con nuestros jugadores y nuestros compañeros del cuerpo técnico (enorme el trabajo de Fran y de Marcos) y el cuerpo médico. Una euforia que precedió a un momento de mayor tranquilidad, en el que los dos, en aquel exilio en la que habíamos vivido el partido, tratábamos de asimilar lo que se había conseguido. Tras un rato de silencio, los dos, de pie, apoyados en la mesa de la cabina, nos miramos y nos dijimos: «No sabemos lo que hemos hecho».
Y es que, a pesar de llevar esta fecha grabada desde el día en que salió el calendario, a pesar de que a diario te recuerden la importancia de este partido, a pesar de saber el alivio y la alegría tan grande que supone para nuestra gente lo del pasado sábado; a pesar de eso, era imposible saber la repercusión que esa victoria podía tener.
Nosotros, los que no somos béticos de nacimiento como lo sois vosotros, quizá no lo saboreemos tanto. Además, nuestra obligación está en mirar hacia delante y pensar ya en el Leganés. Pero nos quedaremos con la personalidad y la valentía del equipo, con su juego (con sus imperfecciones y sus virtudes), con el espectacular tercer gol, con el sufrimiento, con la celebración posterior en el vestuario, en el campo y en nuestro estadio…
Y nosotros, aunque no seamos béticos de cuna como vosotros, lo que tenemos claro es que ese 6 de enero de 2018, ese día de Reyes, ese derbi… será un derbi para siempre.

Eder Sarabia

Eder Sarabia