Cambio climático

Por  22:41 h.

Al Gore tiene desde este fin de semana un motivo más para reforzar su teoría del cambio climático y los efectos del mismo en el medio ambiente. O en el ambiente en sí mismo, en este caso en el de la plantilla bética, que a tenor de lo mostrado y demostrado en Santander, donde se volvió a vencer después de dos meses, ha visto renacer su ánimo con el cambio de entrenador. Así de simple, así de cruel, así de real. Y como lo meramente futbolístico va casi siempre ligado a la cuestión espiritual, la salida de Paco Chaparro ha supuesto una inyección –y una alegría para muchos, a qué negarlo– que al menos ha servido para sumar tres puntos vitales, respirar, y ver la salvación algo más cerca. El agujero está ahora a cuatro puntos, que visto lo visto no está mal.

Queda demostrado, de nuevo, que en una competición tan igualada, en este caso por lo bajo, cualquier detalle decide, y el estado anímico del grupo lo es. Y de qué manera. Como lo es la fortuna. Porque no podrá decirse que el equipo que ganó al Racing, el equipo de José María Nogués, fue muy distinto al que tantos otros fines de semana ganó, empató o perdió. Un portero dubitativo que transmite inseguridad o una defensa más que vulnerable, como se vio en El Sardinero, no son elementos nuevos. Como no lo es que Mehmet Aurelio da muestras inequívocas de cansancio o que Capi tarde mucho en soltar el balón o que Emaná sea tan anárquico tácticamente. Pero era la jornada del nuevo aire, y es precisamente Emaná el mejor ejemplo del renovado brío: pese a su desorden, cuajó un partidazo y fue pieza clave del triunfo con sus goles. Y se fue al banquillo sonriendo y no protestando y con aspavientos diversos. Cuestión de talante, porque los defectos y las virtudes fueron prácticamente las de siempre. Pero el Betis ganó. Y si es por el «efecto Nogués», pues bienvenido sea el relevo. La cosa está ahora en calibrar cuánto durará el «buen rollito» y las risas. Con que dé para dos o tres victorias más, suficiente.

Redacción

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