Centrémonos

Por  17:50 h.

Centrémonos. Dejemos a un lado bustos y bastos, recursos, cierres, comités y corbatas que sólo pretenden tapar la ineptitud y la cobardía de quienes las lucen. Centrémonos. No desviemos la mirada de lo que verdaderamente interesa al Betis en este momento, que no es otra cosa que salvar el pellejo y no acompañar a Nástic y Real Sociedad a Segunda.

Centrémonos, que el pozo está a cinco puntos y hay que seguir estirando ese diferencial. Centremos, fijemos, por tanto, el análisis en el trascendental choque de mañana contra el pujante Zaragoza.

Se presentan los aragoneses en feudo bético metidos como uno de los equipos que mejor fútbol de ataque despliega, que mejor trata el esférico, lo que resulta coherente teniendo en cuenta el librillo de Víctor Fernández y su gusto por el futbolista más talentoso que físico. Pero también aparecen los zaragocistas, y eso es llamativo, como uno de los cuadros de la competición a los que menos ocasiones de gol les generan. Gabi Milito, Diogo y compañía también parecen centrados, muy centrados pese a que los defensas en los esquemas de Víctor suelen jugar papeles secundarios. Lejos de La Romareda, el Zaragoza, por ejemplo, ha encajado sólo quince tantos, los mismos que el Sevilla y dos menos que Barcelona o Valencia.

Esa disciplina que parece brillar en la zaga enemiga hace más actual que nunca uno de los debates de fondo más recientes en el Betis, el de la falta de acierto de sus puntas, para los que esta vez el reto de afinar la puntería tiene incluso mayor dificultad, vistos los números maños. Muchos, metidos en harina, nos hemos preguntado por los riesgos tomados desde el club a la hora de contratar a delanteros como Robert o Pancrate, a los que aún no se les ha podido englobar en aquello del anuncio sobre matamoscas. “Eficacia probada”, quiero decir. Es lo que tiene escatimar tanto para fichar en puestos clave. Algunos alegarán que Robert ha marcado un número de goles medianamente digno, pero no hay que contar sólo los que hace –propios de rachas como las que también atravesaron jugadores como Kassumov o Kowalzcyk– sino los que falla, que son muchos. Repasar las últimas jornadas da dolor de cabeza: penalti fallado, varios “uno contra uno” ante porteros rivales disparando al muñeco, centros perfectos que no se enganchan por pura torpeza. Con una destreza mínima de los que estaban llamados a sustituir a Oliveira, el casillero de puntos bético permitiría olvidarse ya del peligro e incluso mirar a Europa. Pero hay lo que hay y con eso Luis Fernández ha resucitado a un muerto.

Y enfrente, para fustigarse, el ejemplo de Diego Milito, con 16 dianas en esta Liga. La posibilidad de que no juegue ofrece un alivio. Centrémonos. Centrémonos señor Da Pinho, señor Pancrate. Y señor Martín Alexandre, o Schmidt, o Fernández Escribano. Señores. Centren su mirada entre los tres palos. Centren su punto de mira. No hagan ustedes también la estatua, hombre.

Redacción

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