El disparate que no cesa

Por  1:58 h.

La plantilla del Betis descansa de vez en cuando. Sus responsables y los del propio club, no. No descansan. No paran. Semana tras semana, sin solución de continuidad, aderezan la actualidad con una sarta de memeces dignas del más puro surrealismo. Si un día es el entrenador con una de sus payasadas –intenta emular a Clemente en todo este hombre–, otro es algún directivo haciendo ver que pinta algo, el siguiente es el que hace las veces de presidente con cortinas de humo sobre la corrupción arbitral y el otro es el dueño del club desde su castillo inexpugnable diciendo que vende. Será humo, como de costumbre.

Y es que no hay descanso. El técnico, de un lado, se descuelga con la enésima pirueta dadaísta sacando pecho y asegurando que el equipo está donde está por culpa de los árbitros y de las lesiones. De su “capacidad” para adiestrar al grupo, disponer alineaciones y hacer que sus hombres jueguen al fútbol y ganen de una puñetera vez un partido, ni palabra. Olvidándose de los resultados ante el potentísimo Nástic, la Real o el Celta, ha llegado a decir que si no es por esos dos aspectos externos a su inmaculada gestión, el Betis estaría en puestos europeos. Toma ya. Sin anestesia. Siendo tremendamente generosos, podría incluso decirse que los errores arbitrales han costado esta campaña tres, cuatro, hasta cinco puntos a los verdiblancos volviéndonos locos. Pero, señor Fernández, la UEFA está a 20. Sí, sí, a 20. 57 del sexto, el Atlético, por 37 del Betis. A ver si dejamos de decir estupideces y respetamos la inteligencia de la gente. Aquí la única realidad es que si no se vence al Osasuna, el descenso puede estar consumado. Igual sólo dice lo de la gran plantilla que tiene para secundar la voz del amo del club, que insiste en esa peregrina teoría en su deriva autodestructiva. Desafiante, mal encarado y credo de que su verdad es la verdad, el entrenador sigue a lo suyo, a desviar atenciones. Como todos.

Como el señor que afirma actuar de presidente, que acusa a la Federación, a Villar y a los árbitros de los males del Betis. Ni los trencillas ni Villar son dignos de un monumento, pero de ahí a la teoría de la conspiración, va el trecho que mide justo la locura en la que el club de Heliópolis ha entrado. Hasta el portero Contreras se permite el lujo de pedir que se investigue el asunto arbitral. Ojú. No haga eso, guardameta, que a ver si se va a descubrir que los dos goles del Celta el pasado domingo llegan por culpa suya, por dos errores suyos.

Y para rematar, el que faltaba, el mayoritario, que en la hora bruja, en la que se mueve como pez en el agua, clama a los micrófonos que el lunes vende sus acciones. No caerá esa breva. Más bien, es que ya no hay brevas en las ramas. Dice que pone sus acciones a la venta a las peñas –ay, que me da la risa— y si no, que vende fuera ante las ofertas que afirma manejar. Ya, ya. Pero nada de esto suena a verdad sino a amenaza torticera, como todos sus amagos anteriores y como mandan los cánones del loperismo, movimiento en vías de extinción. Lopera ha perdido toda su credibilidad. Toda. La afición sólo cree en los hechos, no en su palabra, aquella que hace poco era dogma. Se trata de la enésima novela de terror, la enésima mentira del desaparecido mandamás para huir adelante e intentar calmar a los que gritan que se vaya. Porque irse, no se va. Y el equipo, mientras tanto, jugándose el descenso. Pero él, a lo suyo. Como siempre. Si el Betis sobrevive a todos éstos se convertirá en invencible. Y lo hará.

Redacción

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