Lo primero es lo primero

Por  1:49 h.

Ha dicho esta semana Luis Fernández que el Betis va a sufrir hasta el final y que ya había advertido de que no estaba todo hecho. Por una vez ha acertado el entrenador, porque con 33 puntos ni estaba la temporada solventada la semana pasada ni mucho menos lo está ésta. El que la lleva la entiende y el francés sabe que con el grupo que adiestra no se puede ir sobrado por la Liga. Incautos aquellos que sí lo imaginaban. Por eso toca priorizar y aparcar el arreglo de interiores del inmueble. De momento, sólo vale apuntalar la fachada para que no se caiga.

Ante las frágiles constantes vitales verdiblancas, conviene, por tanto, dejar de lado unos días, unas semanas, debates o batallas que no sean las estrictamente futbolísticas, las del terreno de juego, para así concentrar fuerzas en lograr cuanto antes siete, ocho, nueve puntos que mantengan al club en la elite nacional el año de su centenario. Lo primero es lo primero y en eso hay que gastar todas las energías ahora. Al menos si se quiere al Betis. Porque los hay que, pese a su posición de cierto rango, no tienen la más mínima consideración y se enfrascan, pese al delicado momento, en peleas futiles. Ahora toca intentar puntuar en Montjuic y luego en el Vicente Calderón. Va la vida en ello.

Tiempo habrá después de analizar otras cuestiones estructurales y que, siendo igualmente graves, deben suspenderse hasta que la permanencia quede asegurada. Con el equipo salvado ya preguntaremos a quien corresponda –casi siempre el mismo— acerca de la mala planificación de la plantilla, de lo tarde que llegaron los refuerzos, de su escaso trapío –el discurso se repite un año más, vaya por Dios—, de la pobrísima aportación de algunos y de los motivos por los que se ha acabado celebrando un empate in extremis en el campo del Levante como un gol en semifinales de la Champions. Aplacemos las preguntas sobre la venta de acciones, la mayoritaria, el mayoritario, los notables o los suspensos. Las querellas, las sevillanas y los porcentajes de beneficio. Tiempo habrá de preguntar por el Gol Sur, por los motivos para dejar de construir el estadio, por la causa de que no se inauguraran las oficinas junto al domicilio del dueño del club o por el hecho de que no se reforme la ciudad deportiva. O por el cambio de dieta drástico del perrito Hugo, de jamón de Jabugo a “alcatufas”. O por el destino de los ocho mil millones de pesetas de la venta de Oliveira y Joaquín. O por qué de nuevo en la UVI. Tiempo habrá. Ahora, la rabia, la inquietud, el ánimo, el amor a unos colores o la simple indiferencia deben transformarse en una sola cosa: empuje colectivo para salvar el pellejo en los partidos que quedan. Por un cumpleaños feliz. Por el Betis.

Redacción

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