Luces

Por  1:36 h.

Pese a la clasificación, pese a la sequía de triunfos, pese a los números y pese a la derrota, no debe resultar alarmante la actual coyuntura deportiva del Betis si se tienen en cuenta algunos aspectos que se dejaron ver en el partido en el Camp Nou, donde los verdiblancos cayeron por la mínima y de manera digna. Perder en el feudo azulgrana no es extraño ni preocupante si simplemente se tiene en cuenta el potencial de uno y otro, especialmente cuando, además, a los de Paco Chaparro les birló Daudén Ibáñez un punto por un penalti clarísimo a Sergio García. La expresión "de libro" se acuñó observando una falta en un área como esa, seguro. Ya empezamos.

Pero más allá del perjuicio arbitral, algunas luces vienen a iluminar este oscuro puerto de primera que debe ascender el conjunto bético en el arranque de la Liga. Hay agujeros negros, evidentemente –errores de posición en el campo, marcajes, algunas ayudas, coordinación de las líneas, repliegues demasiado lentos, pegada, planteamientos excesivamente conservadores…–, pero también destellos, chispas con visos de convertirse directamente en llamas. La primera y fundamental es que, visto lo visto, sobre todo en el estadio del Barcelona, por una vez parece que los fichajes realizados suman, mejoran la plantilla, son, en resumidas cuentas, refuerzos y no simples contrataciones.

Emaná y especialmente Aurelio –un jabato secando a un tal Messi– le ofrecen una consistencia al medio campo y una seguridad a los centrales desconocida durante los últimos años. Realizan buenas coberturas, presionan con rigor e inteligencia, lideran, roban, se fajan, son robustos, hacen falta cuando hay que hacerla y, encima, saben sacar el balón jugado, abrir a las bandas con visión e incluso meter buenos pases a los puntas. Hasta el momento, quizás lo mejor. Monzón y Nelson empiezan a mostrar que son laterales de calidad, con mucho recorrido, oficio y la dureza necesaria para defender. Además, se incorporan con facilidad al ataque y el mismo Monzón, como se ha visto anotando el primer gol liguero, es buen lanzador de faltas.

En cuanto ajusten su fútbol al sistema –lástima que llegaran tan tarde–, se antoja que hay carrileros para rato. Y luego está Sergio García, futbolista más que aprovechable que, jugando donde debe, detrás del punta, ni de "9" ni en la bandas, es capaz de marcar ciertas diferencias y dar muchos problemas a cualquier línea defensiva por su buen último pase, su movilidad, sus desmarques y su descarada búsqueda de portería. Lo suyo no es anotar, pero tiene su sitio por lo que empieza a dejar ver. Con dos temporadas completas, Sobis no hizo mucho más. A ello hay que unirle la aparente resurrección de José Mari, que sin estar a tope físicamente puede dejar en el banquillo a Pavone como referencia arriba.

El entrenador, por otro lado, comienza a darse cuenta de que adiestra a un grupo con un buen puñado de buenos futbolistas. Sólo le falta a Chaparro quitarse de encima algunos complejos, como los que le guiaron a establecer el temeroso planteamiento inicial en la Ciudad Condal –así fue la primera parte– y tener la certeza de que cuenta con el tiempo suficiente para armar un buen equipo. Casi nada, saber que hay tiempo por delante. Ay, el tiempo.

Redacción

Redacción