Mérito sobre mérito

Por  12:11 h.

La victoria en Gijón ha colocado al Betis octavo, a un solo partido de diferencia con los puestos UEFA y con la mejor puntuación a estas alturas de campaña desde el exitoso año 2004. Por si las cifras no fueran argumento suficiente, el conjunto verdiblanco está convenciendo, quizás más que en el apartado numérico, con su juego, que ha vuelto a ilusionar a una afición merecedora de lo más grande pero que se ha pegado tres años sentada en el diván narrando su depresión. Ahora todos repasan los méritos. Lógico. Se juega bien, se gana, el bloque parece cada vez mejor engrasado, los fichajes funcionan…

Hay un mérito incuestionable que es el del propio juego, así como el desarrollo de la competición después de haber estado colista, moralmente tocado y con serias dudas sobre el futuro del equipo por la acumulación de derrotas. Se superó la crisis cuando más difícil parecía y, además, sin delanteros con aporte goleador significativo, algo ya tradicional, por otra parte. Pero hay un doble mérito incluso más allá de la falta de un buen artillero. Quizás triple o cuádruple. Porque todo este despegue se está produciendo en un club que vive desde hace meses un auténtico sainete por la supuesta venta del paquete mayoritario de acciones y por las intrigas palaciegas del todavía dueño, que anda jugando al escondite unas veces y al Monopoly otras, sin parecer importarle demasiado lo referente al equipo en sí. Basta con ver sus «diálogos» con una de las estrellas y franquicias del equipo, Edu, para comprobar su tacto. Ahora es que me voy, ahora es que me operan, ahora es que no hablo porque estoy muy mal, ahora es que Galera, ahora que si BSport… y todo sin prácticamente hacer acto de presencia ni dar una sola alegría en forma de discurso optimista o prometedor a los béticos. Sí, a esos a los que iba a vender sus acciones, según su «testamento». Sin presidente ni cabeza visible ni representante en la Federación, sin peso institucional, en definitiva, el Betis sobrevive con muchísima dignidad. A pesar de la mayoritaria y la minoritaria, Quizás es porque la verdadera mayoritaria aquí siempre ha sido la misma, la afición, otra que acumula méritos. Como el entrenador, capaz de hacer del conjunto verdiblanco un fiable engranaje capaz de ganar en cualquier sitio y de evadirse de lo que ocurre en las altas esferas –y lo de alta es porque hay que coger un ascensor o subir una escalera– de Heliópolis. Haberse aislado sí que tiene mérito. Pero estéticamente Paco Chaparro no parece dar la talla para recibir los elogios que le corresponden. Para eso hay que llamarse de otra manera, ponerse mucha gomina, depilarse las cejas, gozar de un supercontrato y tener veinte o treinta años menos.

Redacción

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