Oficio y beneficio

Por  2:12 h.

Para salvar el pellejo en el tramo final de la Liga haría falta que el Betis cambiase algunas cosas o, al menos, mejorase en varias. Porque no todo es mala suerte, como quieren hacer ver algunos responsables. O el responsable. No todo. Por ejemplo, sigue sin cura, y va siendo hora, un mal endémico que explica algunas cosas: el del escaso oficio de los verdiblancos en momentos cruciales, el poco carácter, la exigua malicia, llamémosle como queramos, para dejar morir un partido cuando éste es favorable o para frenar a un rival antes de que la líe.

Pero, al referirse a este apartado, no se trata ya de una coyuntura adversa. Ni siquiera de una temporada aciaga. Que va. Es pura educación de los futbolistas béticos. Es simple cuestión de carácter de los profesionales de La Palmera. Es todo un mal endémico. ¿O es que es nuevo que son los que menos protestan airadamente a los árbitros cuando un compañero recibe una dura entrada? ¿O es que es nuevo que permiten al rival que se coma al colegiado mientras ellos colocan bien su pelo? ¿O es que nadie recuerda lo poco que faltó para lograr la Copa del 97 ante el Barcelona, al que se le permitió jugar cuando había que hacer faltas? Y no digo yo que tengan que andar con el cuchillo y el “pisalo” por el campo, pero es que los datos cantan. A ver. El defensa central que más juega, el más indiscutible, el fijo, es el gaditano Juanito. Bien, pues el internacional, tras 27 partidos de Liga esta temporada (nada menos que 2.423 minutos) acumula a estas alturas sólo tres cartulinas amarillas. No es broma. Tres. El central que juega siempre. Y delante suya, el mediocampista de cierre que más ha jugado, el “stopper” más usado, Rivera (21 encuentros, 1.586 minutos), ha visto tan solo cuatro amarillas en lo que va de campaña. Ni el central ni el pivote defensivo más utilizados han cumplido aún el ciclo de amonestaciones (cinco amarillas). Esto lo dice todo. Igual con algo más de temperamento, el casillero de puntos podría estar menos lúgubre. Sólo con los cuatro regalados al Español… Ay. A ver si no hay que acordarse.

Redacción

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